HERÁLDICA SARAMALACARA

“Heráldica” o la búsqueda de Saramalacara

Para que buscasen a Dios, en alguna manera, palpando, le hallasen; aunque ciertamente no está lejos de cada uno de nosotros. Porque en él vivimos, y nos movemos, y somos. (Hechos 17: 27-28)


La realidad es que Saramalacara saltó a la fama con su single “Guchi Polo” y es probable que en él se encuentren varios de los elementos que mejor la definen. Hay un coqueteo permanente con eso border que tiene el trap pero, más que cualquier otra cosa, una inquietud congénita consecuencia de haber sido criada a base de internet.

Después de dos EPs que terminaron de trabajar un estilo inclasificable, USB Idol (2021) y Eclips3 (2022), la artista se retiró para dedicarse a lo que sería su primer álbum. Poco más de un año más tarde, Heráldica vería la luz.

saramalacara humo

Fe digital

Cuando podría haber sido fácil quedarse en el arquetipo de single hitazo, como lo fueron “Guchi Polo” o “Waifu”, el equipo detrás de Heráldica apuntó por un producto menos complaciente. Así, el álbum escapa de los sonidos más convencionales y apuesta fuerta por un concepto que atraviesa el disco de punta a punta.

En un contexto en donde el capitalismo avanzó hasta cotas insopechadas, llegando a pulverizar cualquier tipo de andamiaje social o cultural, el sujeto se encuentra escencialmente perdido. Desde las instituciones hasta la identidad, parece no quedar nada en pie. En esta línea, Saramalacara emprende una búsqueda por algo que le de un sentido de pertenencia, una guía con la cual conducirse en el mundo. Más aún, algo en lo que creer.

Así, Heráldica parece ser una carta abierta al lugar que Dios dejó vacante. “Y Dios, me escuchás / can you call me tonight?” pide en “10percs”. El disco propone un desarrollo a esta crisis: En “Diamantes&kalashnikov” canta “Hablé con Dios / me dijo que mi lugar era otro mejor” y, cerrando Heráldica, halla una suerte de respuesta: “Ahora soy creyente / como un fisura en rehab / tengo fe digital”, en “Tu droga”.

Sería reduccionista ver una revelación o una conciliación con la religión tradicional, que del mismo modo que los individuos se encuentra tullida. En vísperas del lanzamiento del disco, Sara se entregó al bautismo en una iglesia Universal del Reino de Dios a modo de cierre de un arco donde parecería ofrecerse al cristianismo. En su lugar, abraza una divinidad hecha a su medida, casi por su propia mano. La fe digital es hallar el amparo de dios en su reemplazo exacto pero material: internet.

Hatsune Miku no Shoushitsu -DEAD END-

De ese pánico frente a una vida sin un sentido, donde todo lo que alguna vez sirvió de sosten desaparece, Saramalacara se halla atravesada por una crisis identitaria transversal a su generación. Si la identidad está pulverizada antes que líquida, y no hay en quién creer, el trabajo está en forjar uno mismo.

Sara llena espacio vacante de Dios como respuesta a todo con la omnisciencia de internet. De esta manera construye un universo de referencias virtualmente infinito, calcando la condición todopoderosa del señor. Aún con todo, internet tiene su contracara y es que su desarrollo y masificación condujeron a una lenta inversión de roles. Así entramos en un proceso de mercantilización absoluta de la humanidad, donde la digitalización posibilita una transición de humanos-usuarios a cuasihumanos-operadores de la red.

La crisis que enfrenta Sara tiene su réplica en “Hatsune Miku no Shoushitsu -DEAD END-” (“La desaparición de Hatsune Miku”). No parece casual el feat con la Vocaloid en este contexto. Tanto en su tema como en “10percs”, el drama gira en torno a su condición como idol. Es decir, un producto de consumo.

A la fragilidad de su existencia se le suma entonces la presión de saberse artista, de saberse famosa, influencer o referente. Sea como sea, un bien de consumo incorporado en una industria que no se detiene.

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Foto: Natalia Vidal Rojas

Gucci, porro

En esta búsqueda permanente que es Heráldica, y en toda su discografía, las drogas juegan un rol fundamental. No tanto como pose del exceso como suele ocurrir en el trap mainstream sino como último refugio. Las drogas no cumplen un rol de recreativo o estimulante, muy por el contrario, están asociadas a situaciones border.

Saramalacara halla que el ídolo que creó como resguardo resulta a la vez tormento. Internet es un espacio hostil y potencialmente violento donde se puede encontrar todo. Antes que ceder a esa marea, toma lo mejor y lo peor como método constitutivo de su música.

Heráldica está repleta de referencias a la cultura otaku de los 90s/00s. Sampleando a Kingdom Hearts II (2005) en “_S” o en “.tumblr” al cantar “Sangre, mi brazo en partes / mi style huérfano como Sasuke”. Y es que para las juventudes criadas con acceso a internet esto era moneda de cambio. Por otra parte, la violencia es casi gratuita y metáfora recurrente. “De puber buscando en internet cómo matarme / no quiero que mi mama lo encuentre ni que vea mi tumblr”.

Internet como vórtice a absolutamente todo configura un estilo que no cae en ninguna etiqueta. Y es que más allá de las letras se puede escuchar un sonido que interpela y no deja indiferente. Exige que el otro preste escucha activa. Hay un componente rizomático que permite entrar o salir por cualquier punto, sin saber nunca cuál será el destino.

Las drogas funcionarían como toma de distancia con una realidad áspera, una precaria estabilización del andamiaje que se rompe a cada paso. Siguiendo esta lógica, la tristeza congénita con que se atraviesa la vida necesita ser aplacada con algo, ya sean las drogas, ya sea la alienación permanente de internet y su locura hipertextual.

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Conclusión

Heráldica, como primer disco, supo aunar las inquietudes estéticas que mostró Saramalacara en sus trabajos previos. Refinando el estilo a su expresión más pura, trabaja duro sobre un concepto inquietante que no deja de interpelar a toda una generación. Aún en su delirio estético y su pulsión de nicho, logra romper barreras y acercarse a un público cada vez mayor sin perder ese encanto oscuro que la caracteriza.

Probablemente sea necesario escuchar más de una vez el álbum para entrar en el juego de capas que ofrece. Porque en la aparente simpleza de sus canciones, algunas hits para bailar y llorar, anida un laberinto de significados y referencias a descubrir. Aún sin ser una pieza complaciente, ofrece un rango de acercamientos diferentes en función del interés que se le ponga.

Sin dudas el trabajo más logrado de Saramalacara hasta la fecha. Resta esperar a la presentación del disco en vivo que, sin dudas, estará al caer.


Escuchá Heráldica y más de Saramalacara en Spotify o a continuación.

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