
Nicolás Btesh: “Este disco fue volver a empezar como músico”
En el marco del lanzamiento de su primer disco de estudio, Nicolás Btesh habló con Indie Club y contó cómo tomó la decisión de lanzarse de lleno a su carrera artística, corriéndose de su trabajo como productor y regalando un álbum atravesado por el rock nacional.
Por mucho tiempo, Nicolás Btesh fue reconocido como uno de los productores que acompañó a la escena indie que emergió con fuerza allá por 2013/14. Fue el encargado de producir el primer disco de Conociendo Rusia, es una pieza fundamental de El Zar y trabajó con muchísimos artistas más. Hoy decidió volver a sacar a relucir su costado artístico y se lanzó de lleno a su proyecto solista.
De esta necesidad creativa nace Asuntos pendientes, su primer disco de estudio. Charlando con Indie Club, Btesh contó el detrás del proceso de grabación y composición, cómo fue animarse a ser la cara visible de su propio proyecto y por qué decidió que todo el álbum estuviera atravesado por una fuerte influencia de nuestro amplio rock nacional.
– Durante mucho tiempo te vimos en el rol de productor. ¿Qué te hizo decidir sacar tu propio disco ahora?
Yo me considero artista. Durante mucho tiempo de mi vida tuve mi proyecto personal, pero después la vida me fue llevando a trabajar como productor musical e incluso como ingeniero de mezcla. Eso de ser artista, compositor y cantante siempre estuvo en mí. Fue una etapa muy importante que me hizo crecer mucho, pero con el tiempo ese espacio se fue apagando.
Llegó un momento en el que me costaba muchísimo retomarlo, incluso desde un lugar sin expectativas, sin pensar en “quiero que la gente lo escuche”. Me costaba habitar ese espacio. Estaba tan metido en trabajar con otros artistas —siendo parte de sus ideas, generador, motor— que empecé a perder noción de cuáles eran las mías.
Entonces la primera idea fue reconectar con eso. Era un asunto pendiente, literalmente. Me comía la cabeza hacía mucho tiempo, y la única manera que encontré de encararlo fue poniéndolo en agenda.
– ¿De ahí sale el título del disco?
Sí. Sale de una nota del celular que decía “asuntos pendientes”. Siempre me gustaron los títulos como disparadores, y “asuntos pendientes” apareció ahí.
Me acuerdo que en la primera juntada con El Chacal y otros les dije: “No tengo nada, lo único que tengo es un título”. Y desde ahí empezamos a esbozar la primera canción. Después cambió un montón, pero fue el disparador. Ahí sentí que tenía el título de un tema, de un disco y hasta de una banda, todo en uno. Y ese primer tema.
– ¿Y a partir de ahí empezaron a salir las canciones?
Sí, aunque siempre tuve la antena prendida. El problema era que con las letras me trababa mucho. Con la música y las melodías fluía, pero con las letras nunca llegaba a un lugar que me estimule.
Entonces entendí que juntarme con amigos que hacen canciones era la manera de destrabarlo. No tanto porque ellos escriban por mí, sino por la conversación que se genera. Cuando más de una persona está convencida, pasa algo distinto. Esa especie de arenga compartida fue el motor que necesitaba.
– Ahí aparecen nombres como Bruno y Tatito.
Sí. Lo de Tatito fue medio de casualidad. Yo me iba a lo del Chacal, a componer a su casa en Chapadmalal; también estaba Fran Saglietti y él me dijo: “Invitalo a Tatito, que para el rock tiene mucha facilidad”. Lo invité sin conocerlo mucho, lo pasé a buscar —vive a diez cuadras— y nos conocimos en el viaje.
Terminó siendo increíble. De las nueve canciones del disco, siete salieron allá. Volvimos escuchando los temas en el auto, ya pensando arreglos, dinámicas… Fue muy natural.
Con Bruno es distinto: nos conocemos hace años, tocamos juntos y además es literalmente mi vecino, pared de por medio. Fue un “che, ¿tocamos?” y listo. Más allá de que es un baterista increíble, había algo muy simple en la decisión. Y además sentía que iba a encajar perfecto con el sonido.
– Justamente, el disco tiene una identidad rockera muy marcada.
Sí. Venía de una etapa muy rockera, tocando la guitarra durante años, y tenía ganas de reconectar con eso desde un lugar más primario. Por ejemplo, el disco no tiene sintetizadores. Y eso es fuerte para mí, porque soy muy fan de los sintes.
Fue como volver a empezar como músico. Reconectar con la guitarra, con el formato banda, con ensayar temas antes de grabarlos. Eso para mí era clave: no quería esa lógica de “armo el tema solo y después cada uno graba su parte”. Quería tocar.
– ¿Cómo fue el proceso de grabación?
Primero ensayamos mucho y después grabamos en vivo, en cinta. Las bases del disco se hicieron en dos días, muy rápido, muy orgánico.
Después hubo otra etapa más larga, sobre todo con la voz. Ahí sí me tomé mucho tiempo. Hay temas que grabé tres veces en días distintos. Me pasaba que hacía un comp, lo escuchaba al día siguiente y decía “le falta energía”, o “no me lo creo”.
Esa es la parte más difícil de autoproducirte: en el momento quizás no te das cuenta, y necesitás tomar distancia. Con otro artista eso lo veo enseguida, pero conmigo no.
– ¿En algún momento pensaste en sumar un productor externo?
No. Estaba en una búsqueda de autosuficiencia total. Sí trabajé con amigos —Tatito y Bruno también produjeron—, pero quería que el proyecto dependa de mí.
Había algo de aplicar sobre mi propia música lo que hago con otros artistas. Igual pedí muchas opiniones, muchas orejas. Pero la decisión final era mía, y hasta que no estaba como yo quería, no lo soltaba.
– Hay una idea muy clara también del tiempo en el proceso.
Sí, para mí hay cosas que hay que hacer rápido y otras que necesitan tiempo. Las bases salieron en dos días porque tenían que salir así. Pero después hay cosas que decantan con el tiempo.
Escuchar algo una semana después te da otra perspectiva. También está en uno saber cuándo cerrar, porque si no podés cambiar cosas eternamente.
– ¿Te pusiste una fecha límite para terminarlo?
No tan clara al principio, porque estaba haciendo mil cosas a la vez. Pero sí me obligaba a dedicarle al menos un día por semana.
Y después hubo un momento clave: en enero decidí no irme de vacaciones. Mi pareja se fue y yo me quedé solo para terminar el disco. Ahí armé una especie de burbuja y terminé de grabar las voces. Enero, además, es un mes bastante muerto en la industria, así que fue ideal.
– Te quería preguntar por “Molly”.
Es una canción muy especial. La música la tenía hace tiempo, pero no sabía de qué hablar. Un día, tocándola, entendí que era sobre mi abuela.
La versión que quedó es prácticamente la maqueta. Intenté regrabarla varias veces, pero no lograba la misma emoción. Escuchaba la primera versión y me hacía llorar; las otras, no. Entonces entendí que tenía que dejar esa.
El audio del final es real, es de mi abuela. Circulaba en el grupo familiar. Le pedí permiso a mi prima para usarlo y lo sumé. Es fuerte, pero me parecía que tenía que estar.
– Y por la otra que quería preguntar es por “Mariposas en el mar”, que es un punto de inflexión en el disco
Sí, es distinto. Es una balada que compuse con otros músicos. Un año después la retomé.La terminamos y en un momento sentí que pedía cuerdas. Ahí apareció Juan Luqui, que trabaja con Santaolalla. Él hizo el arreglo y grabamos con una orquesta de Budapest.
Tienen un sistema increíble: alquilás media hora y grabás con 40 músicos. En media hora tocamos la canción cuatro veces. Te mandan 60 canales, todo perfecto. Fue una experiencia increíble.
– Siendo amigo de tantos músicos me gustó que colaboraste con muchos, pero en ningun momento recurriste a los feats.
No me interesaba. Siento que muchas veces son forzados. Entiendo lo comercial, el “win-win”, pero artísticamente quería hacer la mía. Sí colaboré en composición, en arreglos, pero la voz del disco tenía que ser solo mía.
– Siendo producto sos responsable de la música, pero al mismo tiempo uno se puede desentender un poco ¿Cómo fue para vos tener que hacerte 100% responsable de tu trabajo y poner la cara? ¿Y te influye mucho el tema de ver numeros y estadisticas de tu música?
Bien, tranquilo. No tengo la expectativa de ser una figura masiva. Pero sí me hago cargo de que estoy cantando y haciendo algo que me representa. Y en cuanto a los números no me vuelvo loco. Miro de curioso. De hecho, el tema que menos esperaba que funcione es el que más se escuchó. Así que claramente no hay fórmula.
– ¿Va a haber presentación en vivo?
Sí, el 29 de mayo en el C.C. Richards. Tengo muchas ganas de tocar. Incluso en el evento de lanzamiento quería tocar algunos temas solo con la guitarra, no solo poner play.
La idea es armar un show largo: el disco, el EP anterior (Romances) —que nunca lo toqué en vivo—, algún cover, invitados… puede ser algo de 15 o 16 temas.
– Para cerrar, ¿en qué estás trabajando como productor?
Estoy mezclando varios discos: artistas de acá, de afuera. También trabajando en canciones con El Zar, con Indios, y en junio voy a producir el próximo disco de Gauchito Club, que me tiene muy entusiasmado.
También estuve trabajando con gente como Santaolalla, que fue una experiencia increíble. Es alguien muy exigente, pero estuvo buenísimo el proceso.
