
“La Nueva Violencia”, la fiesta cínica y retorcida de Dillom
El súper rapero nacional lanzó su tercer disco de estudio, donde recorre una nueva y renovada paleta de sonidos, regalando una obra de catorce canciones que conectan con lo más profundo de la realidad argentina y la noche porteña.
Post Mortem y Por Cesárea fueron discos avalados por la industria, el público y la crítica, cosa que no es común para ser los primeros trabajos de un artista. Por eso, cuando Dillom anunció La Nueva Violencia, se respiraba un aire de expectativa por lo logrado y de incertidumbre, porque no siempre se puede estar en la cresta de la ola. Pero al final fue el primer caso. Dylan lo volvió a hacer. Atravesado por la realidad argentina, una experiencia con la cultura hippie en un show de Bob Dylan y el humor cínico que lo caracteriza, regaló catorce piezas que atraviesan el post-punk, el new wave, la electrónica y el pop.
Ya “La nueva violencia” te pega una piña directo en la cara con un hyperpunk furioso para, de repente, cambiar de esquema rápidamente en “Vedette”, con un estilo que conecta directamente con LCD Soundsystem. Con dos canciones ya te marca que viene un álbum completamente ecléctico y, por si queda alguna duda, entra “Papá se volvió loco”, que trae esa mezcla de post-punk con new wave y que, encima, viene acompañada por la voz de Sebastián Murphy, cantante de Viagra Boys. Quién diría que un cruce totalmente aleatorio en un bar sería la semilla para una de las mejores colaboraciones de la música de los últimos años.
Los coros de todo el LP estuvieron a cargo de Juana Rozas, Terra y Babeblade, pero nada es casualidad. El cantante había mostrado su talento para el pop en “Ciudad de la Paz”, pero para este trabajo redobló la apuesta. Su fiel coequiper y productor, Fermín Ugarte, lo llevó por un rato a su mundo electro-pop para traer piezas como “Souvenir”, “Minas” y “Gente común”, donde en esta última tuvo la participación estelar de Juliana Gattas y Ale Sergi.
Aun así, lejos de conformarse con eso, Ugarte, junto a Bernardo Ferrón, integrante de Telescopios y clave en la producción del disco, combinaron el sonido de la banda cordobesa con la búsqueda de Mañana es Peor, el EP de Fermín, para llevar a Dillom al campo del french touch en “Superdiversión” y “Nadie coge gratis”.
A esta altura, cualquiera creería que ya no se puede profundizar más. Bueno, no es el caso de Dillom. “Cocodrilo” es la prueba viviente: trae un rock alternativo y convoca a dos eminencias en ese arte: Juana Aguirre en voz y St. Vincent en guitarra. Así, Clark se sumó a Murphy como las grandes apariciones internacionales del disco. El sueco, además, cantó en “Fashion”, lo mismo que la estadounidense en “Palermo Hollywood”.
El cierre del álbum se lo llevan, capaz, las dos canciones más sutiles, pero con un encanto único. Por ejemplo, cuando el artista cantó “My Way”, de Sinatra, en Vélez, pareció que fue un anticipo de “Maniquí”, despidiéndose así: “Nunca te olvides que no me conocés y que tampoco te conozco // Sigue tu vida por fuera de mí, no pagues más por verme mentir”. Una declaración concreta de que en La Nueva Violencia hay realidad, pero no solemnidad. Después viene “Amigos”, que, probablemente sin buscarlo, se siente un tributo a Pity Álvarez, aquel que le avisó a Dylan que su show en el estadio Vélez iba a ser suspendido y quien, con su banda, también le dedicó una canción a los hermanos que te regala la vida.
Crudeza, cinismo, humor y alegría: todo se podría resumir en el audio del papá de Dillom en “Elvis interludio”, pero, por suerte, decidió hacer un disco con eso y volver a confirmar por qué es uno de los artistas más importantes de los últimos diez años. No solo por su constante transformación sonora, sino también porque, aunque él le quiere escapar al concepto, no conoce otra forma de componer que una pieza larga, completa y alineada a la realidad que vive y que, de alguna forma, conecta con la de una gran parte de la sociedad.
