
Camionero presentó “Pruebas de contacto” con dos shows soldout en el Teatro Flores
El dúo presentó su segundo álbum de larga duración, que superó las expectativas del público y los consagra como una verdadera banda de época.
El frío de la noche del viernes empataba el de las cervezas que se abrían en la Avenida Rivadavia. Las camperas de jean y cuero con el bordado de “Club Camionero” se empezaron a amontonar en la Teatro Flores hasta que los primeros golpes de bombo invitaron al público a entrar. El frío se quedó esperando en la puerta.
Camionero arrancó con “Mala suerte, varón” y “Pruebas de contacto”, dos platos fuertes de su nuevo álbum y, ya desde el inicio, el público hizo saber que se apropiaron de las canciones de estreno: las convirtieron en nuevos clásicos. La banda siguió con viejos conocidos como “Piedra blanca sobre piedra negra” y “Peliculas anónimas”.
Un riff suave desfila por la guitarra con delay y anticipa el comienzo de “No hablaremos de mañana”, un tema que se incrusta en el corazón, con sonido setentero y una nostalgia muy potente pero con gusto dulce. A tamaño himno, lo siguió “Un poco más de consideración”, un blues acelerado y sensual, y “Sobre tu nombre” donde el duo pisó el acelerador a fondo.
“Robando monedas al tiempo / rematando el paraíso / en una nube de alcohol”

No es novedad que estamos atravesando tiempos complejos, raros. La economía se asfixia mientras vemos que el mundo cambia radicalmente mes a mes. En ese contexto, todo lo que vemos es, o muy caro o generado por IA. Si no se puede confiar en que es real y que no, hay que salir de la red y buscar respuestas en el entorno, certificaciones de realidad. Cuando todo se derrumba, no hay nada más tangible que ir a ver a una banda de rocanrol hacer música en vivo. Una guitarra distorsionada en un amplificador de garage y una batería dura que suena violenta son los componentes de una fórmula que hace décadas que funciona como una religión terrenal, congregando a los que se acercan a sentir el rock con todos sus sentidos.
Así se presentó en el Teatro Flores Camionero, un dúo de guitarra y batería formado por Joan Manuel Pardo y Santiago Luis. “Parecemos dos, pero somos muchos más”, dicen los posters que se ven en las paredes del teatro. Y es verdad, porque el “camión” no sólo es la música sino también la gente que lo empuja, como los colaboradores técnicos, los puestos de emprendedores con merchandising propio y la rueda de auxilio, que es un ecosistema de gente que sigue a la banda y junta alimentos en las fechas para hacer acciones solidarias. Todo esto es Camionero y sus Pruebas de contacto.
El Camión siempre va para adelante, y a un ritmo prolijo avanzó en la noche presentando sus canciones nuevas, como “Busco la paz”, “Fiebre” y “Amuletos”, todos nuevos clásicos. El disco de Camionero se hizo esperar y el público certificó que superó las expectativas.

Encarando el tramo final del camino, el público ardió al calor de una cadena de hits. A “La distancia”, lo acompañaron “Lo hago mal, me siento bien”, “Genio del Abasto” y “Guerrero atípico”, enmarcando el momento más alto de la noche.
Camionero emprendió hace casi diez años un desafío complejo, que es hacer una banda de a dos. Cualquiera que los escucha sin saber ese dato ni piensa en tamaña posibilidad. Es una odisea que requiere virtuosismo, no solo de “Yago” en batería y coros, donde hace gala de su versatilidad, sino también de “Yoni” en la guitarra, que hace riffs mientras canta sin errar una sola nota.
El show llegó al final disminuyendo las revoluciones del camión con “Catedrales”, “El español” y “Botón de pánico”, como una síntesis, integrando los temas viejos y los nuevos. Cuando se despedían de su público, Yoni agarró una guitarra para hacer “Mi esqueleto”, él solo.
Camionero es una banda que obliga a cualquiera a parar la oreja, y que te invita a ser parte del acoplado. Pruebas de contacto se hizo esperar y superó todas las expectativas. El duo no para de crecer, convirtiéndose en una verdadera banda de época, componiendo el soundtrack de estos años raros. Así, con solo dos tipos arriba del escenario, el camión te atropella con su música y sus letras, y es la brújula que funciona en un mundo que está roto. Cuando el show termino, el frío seguía esperando afuera, por lo menos hasta la próxima.

