“Yendo rápido a ningún lugar”: cómo Bestia Bebé mira el tiempo transcurrido

Una correcta mirada sobre el crecer y el cómo llegamos hasta acá. Con la premisa de lo directo, los de Boedo dejan sentenciada la incertidumbre del camino hecho.


“A ningún lugar” nos dice Bestia Bebé desde una tapa de disco festiva, Yendo rápido a ningún lugar, quizás haciendo foco en el viaje rápido, en no llegar, disfrutar o sencillamente que tenemos que ir hacia algún lugar indefectiblemente.

Diez canciones bastan para que el mensaje sea claro y directo, la descripción de los pequeños momentos como lugares, hechos o transiciones de tiempo toman eje en el disco. Pluralidad sonora para jugar por todos lados. Un montón de letras que señalan el paso del tiempo y nos hacen sentir reflejados inevitablemente en un punto u otro.

Sin bajarse de su narrativa, sus puntos altos persisten en encontrar bellos momentos o personas para colocarlos donde corresponden. Ahora, a estas características, le sumamos la narración del tiempo, cómo transcurre; el análisis de los vínculos pero permaneciendo en el hilo de “seguir de todas formas”: “Pero acá estamos amigo mío / yendo rápido a ningún lugar / viendo como se consume el fuego / esperando que llegue el final“.

Lejos de posicionarse en una postura festiva, alegre o depresiva al correr el tiempo, Tom toma la posta y nos señala francamente que es así, no hay metáforas y relata el crecer sin vueltas. Algo que venimos viendo desde Gracias por nada. Transcurrido un tiempo largo, esto ya no es una característica más de Bestia, ya es un eje, uno más para la construcción.

Con el correr del disco comprendemos mejor cada elemento, las imágenes de los adelantos evocan al tiempo pasado, el punto de partida del disco. Las canciones cantan el presente con una descripción exacta de sus sentimientos. Tema a tema relata la realidad como verdad.

Otra arista del disco recae en las relaciones y en lo obvio de cómo se modifican aunque no queramos que suceda. Amistades que se rompen, aceptar cómo es el otro o simplemente entender que se cortan algunos lazos: “¿Y qué te pensaste? ¿Que ibas a cambiarme? / ¿Que las cosas no salieron bien? / Estoy condenado, todo lo que queda, un esclavo de mi estupidez”

Lo clásico de Bestia Bebé también dice presente en el disco de una forma bien de cancha, “Gustavo Costas”, “Chaleco antibalas” o “El atrevido” nos remontan a otros momentos de la banda donde la referencia barrial y futbolera era lo que primaba. “Si queres tirar, tirame / no le tengo miedo a nada / si queres tirar, tirame / tengo chaleco antibalas”. Tema que no escuchamos en vivo y ya vibramos el pogo con la mano señalando como si se tratase de una acusación completamente infundada entre desconocidos.

En cuanto al sonido, los boedenses expanden su sonido a territorios no explorados: syntes que toman protagonismo, la aparición de baterías eléctricas y esos cambios de ritmos que nos dan el empujón para ir agitando con la cabeza. La guitarra criolla tiene sus introducciones o momentos claves que ansiamos presenciar en el vivo.

Yendo rápido a ningún lugar ejemplifica el paso del tiempo a modo personal, tan así que la interpretación pasa a segundo plano y es la empatía quien protagoniza el sentimiento primario al escucharlo. El paso del tiempo, lo que sucedió antes y analizarlo hoy. Tomar un poco de personalidad y llevarlo con la experiencia es la mezcla que todo hincha de la Bestia quería tener. Dejar madurar el disco será clave para terminar de entender esto, una obra que comenzó en la niñez, los planes y su desenlace.


Escuchá Yendo rápido a ningún lugar de Bestia Bebé y más lanzamientos del 2026 en nuestra playlist de Spotify.

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