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¿Existe la mano invisible de la industria en el Indie Nacional?

Desmitificando viejos conceptos: “pegarla” no es más que el conjunto de una serie de acciones al alcance de todes más el azar de siempre.


“Esos llegan porque están acomodados”, “la plata que pusieron para sonar”, “pasa que es hijx de” son todas frases que indudablemente resuenan en el under, en la movida emergente y hasta en círculos de la música mainstream, pero, ¿cuánto tienen de cierto? ¿Cómo “la pega” una banda hoy?

Existe una creencia, infundada o no, de que la música que suena en tu Spotify fue seleccionada por una mano invisible que se mueve por dinero o contactos únicamente. En mi opinión, esto desvía muchas veces el enfoque de artistas y fans de lo que realmente importa: la música. La implicancia de esas afirmaciones abre una grieta difícil de cerrar y, para colmo, es difícil de desmentir. Es un daño que le hacemos a nuestra percepción, inclusive, a la hora de conocer nuevas canciones.

Festival La Nueva Generación. Foto: Nehuén Suárez.

Si fuera posible que olvidaras una canción de tu banda favorita, y la reprodujeras en absoluto estado de desconocimiento, ¿te seguiría gustando? La respuesta a esa pregunta -imposible de contestar- es la clave para desentrañar si el hecho de que un contacto, una relación o inclusive dinero pueden llegar a influenciarte. De hecho, asumir que hay bandas o artistas que uno escucha porque están acomodadxs es atribuirse un gusto musical nulo, un oído digno de un rebaño de ovejas hábilmente manejado por “la industria”. Entonces, ¿por qué lo hacemos?

Los buenos viejos tiempos

Esta creencia no surge del aire mismo, sino que hubo una época en la que quizás en algunos casos fue cierta. Antes de la música por streaming, antes de las placas de sonido de los home studios, antes de los sellos independientes, sacar un disco era realmente muy difícil.  Y no hablamos de sacar un disco a  la luz, de darlo a conocer; hablamos de que tu canción no podía existir en ningún formato sin poner una buena torta de guita por lo menos hasta los años ’80, con la invención de los grabadores a cinta portátiles y los walkman. Durante los ’60 y ’70, la música se consumía en vinilos que debían mandarse a fabricar y se escuchaba solamente adentro de la casa o en algún espacio con un tocadiscos.

Entre tecnologías deficientes y precios exorbitantes, una banda emergente tenía una única opción para grabar y difundir su música: un sello discográfico. Motivados por el lucro, estos sellos firmaban grupos que creían que se venderían bien y se dedicaban (y aún se dedican) a que su música se reproduzca lo más posible para cobrar un porcentaje de derechos de autor. Estos derechos eran cedidos en los famosos contratos que los artistas, una vez consagrados, comenzaban a mirar con desdén. En ese entonces, sí, posiblemente lo que sonaba en la radio y lo que se difundía en los medios, era lo que las discográficas (AKA “La Industria”) enviaba. El sonido hi-fi era deseado, y era prácticamente imposible conseguirlo sin ser una pieza en ese engranaje, pero la situación ahora es totalmente distinta.

Desde los ’90 hasta hoy ha habido una creciente demanda de música lo-fi (abreviatura inglesa para definir sonido de baja fidelidad con respecto a su fuente original), independiente y, esencialmente, distinta a los estándares musicales que se volvieron tan mainstream en los ’80. Para sumar a esto, el desarrollo de la informática y las tecnologías de grabación digital potenció el crecimiento de estudios en los que el equipamiento de grabación pasó de costar 50 mil dólares a, quizás, solo 500 (los famosos home studio). Hoy en día, casi cualquiera puede grabar un disco, y luego distribuirlo sin costo alguno ya que el formato físico (CD) ha quedado prácticamente en desuso.

Las movidas como respuesta

Entonces, ¿por qué seguimos creyendo que las bandas que tanto suenan están acomodadas? Gran parte proviene de esta historia que vivieron nuestros xadres, de una creencia que en verdad es anticuada. Hoy, sobre todo en la movida independiente, existe un gran espíritu de colaboración que permite prescindir de grandes sellos o contactos en medios. La era de las redes sociales produjo una fuerte atomización de la oferta musical, y “la gente” busca a palabras autorizadas para explorar nuevas canciones. De allí que las movidas musicales, entendidas no como géneros musicales sino como verdaderas uniones entre artistas, productores y prensas ha generado una fuerza única.

Eso sí, no hay que creer que porque un contrato discográfico ya no es imprescindible, no es necesario hacer gran parte del trabajo que estas empresas realizan. Es importante armar gacetillas, organizar recitales, manejar redes, y para esto existe la opción de contratar personas que estudiaron específicamente esos temas o hacerlo unx mismx. ¿Contactos? Todavía hay que hacerlos, relacionarse con otres artistas, armar listas de Spotify, pero depende de vos y no de alguien más. Hay una diferencia muy grande entre hacer música y lanzar música, y es muy posible que si uno se queda esperando a que lo descubran y lo hagan sonar por todo el país, nada pase. Hay que moverse.

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Santiago Motorizado y el Gato de los 107 Faunos formaron la discográfica LAPTRA para difundir su música. Foto: Santiago Navone

Pero me gustaría ir más allá, porque en la era de las redes sociales pareciera que difundirse es lo único que importa para “pegarla” y para nada es así. Con un buen producto final el 90% del trabajo está hecho para alcanzar ese cénit deseado. Difundirte de la forma correcta, conectarte con artistas de tu palo, grabar con el sonido ideal para tu música (no hace falta que sea hi-fi), hasta algo tan básico como que los instrumentos estén bien ejecutado, son todos los factores que uno puede controlar para ese 90%, y el resto es, como siempre, suerte. Los 20 discos que Indie Club seleccionó de la década pasada no son discazos porque alguien se los metió por la garganta al público, sino porque a sus fans realmente le gustaron, marcaron tendencia en otrxs artistas, llevaron al indie de ser una movida pequeña a una de las predominantes al día de hoy. No hubo “mano mágica” moviendo hilos, hubo buena música sonando y mucha gente trabajando.

Por supuesto que siempre va a ayudar tener una discográfica pagando los costos de una grabación o un videoclip. Obvio que nacer “hijx de” va a aceitar algunos caminos que otras personas tienen que formar, pero es muy dudoso creer que esos factores son los únicos que hacen que una banda o artista llegue a niveles masivos. Hoy, calidad mata acomode y afirmar lo contrario es subestimar a miles de personas que escuchan y siguen con ansias a sus artistas favoritos. Puedo promocionar con millones de pesos canciones poco originales y/o mal producidas, y el resultado seguiría siendo el mismo: No se trata de una producción que -al menos hoy- sea interesante para el público.

Entonces, ¿de qué depende “pegarla” hoy en día? De unx mismx. Existe una alta demanda de música innovadora, de poesía desafiante, y cada día es más gente la que se suma a la movida. Las herramientas para llegar a ellxs están en nuestras manos, a través de esfuerzo, dedicación y buen gusto. En lugar de mirar a los costados, basta con mirar al frente.

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