Astr0kate Astrodélika

Astr0kate: “La naturaleza siempre está presente en lo que hago”

En conversación con Indie Club, Astr0kate contó cómo fue el proceso de creación de su nuevo álbum, la búsqueda sonora que une el tango y el folclore con los ritmos urbanos, y la importancia de sus raíces en su identidad artística.


Astr0kate comenzó a construir su identidad solista en 2020, después de explorar distintos sonidos y estilos en sus EP anteriores. Con una propuesta que cruza el tango, el folclore y la música latinoamericana con elementos del trap y otros géneros urbanos, la artista busca crear un universo propio en el que conviven la tradición y la experimentación. En su flamante primer álbum, Astrodélika, la naturaleza, la poesía y sus experiencias personales se convierten en parte central de una búsqueda atravesada por sus raíces en Chascomús.

En diálogo con Indie Club, la artista repasó el proceso creativo del disco, la libertad que encontró al trabajar junto al productor Facundo Lapido y la decisión de volver a su ciudad natal para desarrollar buena parte del álbum. También reflexionó sobre el lugar del folclore en la escena actual, la influencia de artistas como Feli Colina, Nathy Peluso y Mercedes Sosa, y adelantó qué se podrá ver en su próximo show en Biri Biri, donde combinará distintas etapas de su recorrido con invitados, danza y homenajes a quienes marcaron su camino.


– Hace seis años que estás haciendo carrera ¿Cuál fue el clic para encarar tu primer disco?

El proceso fue re natural, porque hacía rato que lo quería hacer. Era algo que tenía bastante pendiente. Había hecho varios EPs que fueron parte de la búsqueda de mi identidad y de encontrar mi voz. Finalmente, me comprometí con la idea de gestar todo eso. Sabía que iba a ser un proceso largo, porque ya van casi tres años.

Sabía que tenía que tener disponibilidad, paciencia, recursos, de todo. Dejé de esperar el momento indicado cuando necesité decir un montón de cosas sobre mis procesos personales. Lo hablé con el productor, con quien había laburado muchísimo en los EPs anteriores, y preparamos un camino para comprometernos con el proceso del álbum y que sea lo que Dios quiera.

 – Ya que lo mencionás, ¿por qué elegiste a Facundo Lapido como productor?

Con Facu nos entendimos muy bien. A nivel de producción, nos dimos mucha libertad creativa. Yo venía de un proceso en el que nos juntábamos a componer todas las semanas. No todo vio la luz, por supuesto, pero teníamos los miércoles en el estudio y, desde que entrábamos hasta que salíamos, estábamos comprometidos con crear, con jugar.

A partir de esa exploración, de conocernos y buscar sonidos, me sentí súper cómoda con él. Pero yo quería hacerlo a mi manera: en Chascomús, en ese campo de música y en mi casa. Así que cambié el hábitat; dejó de ser su estudio. Fue importante para mí cerrar una etapa de mucha creación con él y, de alguna manera, darnos la mano para lo que viene.

Fue una cuestión de confianza plena: confiar en que me iba a dar libertad creativa y también me iba a decir las cosas honestamente. En estos procesos está bueno no ser condescendiente con el otro, que pueda poner todo su aporte y su mirada. A veces nos encontramos con contradicciones, pero hay que saber que de ese debate puede salir algo bueno.

– ¿Gastón “Perci” Porro fue el último en sumarse al proceso del disco?

Sí, al momento de masterizar. Yo viví muchos años en La Plata y él también es de allá. Hacía rato que quería acercarme a él para hacer algo. Me gustaba mucho el sonido que lograba en la ingeniería de masterización, así que confiamos y fue un voto acertadísimo.

Enseguida entendió el sonido que estábamos buscando, entendió las mezclas, se acopló perfecto y, finalmente, el resultado fue lo que queríamos.

– En cuanto al sonido del disco, sé que venís de la infancia, del palo del folclore y de la música latinoamericana. ¿En qué momento decidiste mezclarlo con la música más moderna y urbana?

Fue en 2020, durante la pandemia, cuando decidí embarcarme en este proyecto solista. Yo venía de otros proyectos y también cantaba folclore y tango clásico. Pero siempre me gustó mucho bailar hip hop, me gustan los ritmos urbanos y toda esa música latina que tenemos acá, que es lo que nos hace tan particulares como argentinos.

Tenía muchas ganas de fusionar toda esa mixtura, que también tiene algo más cálido. Si bien la fusión que yo conocía era más el electrotango —lo que escuchaban mis viejos, como Bajofondo—, esa era la fusión que entendía del tango. Pero sentía que podía tomar algo de ese sonido y mezclarlo con el trap, que para mí era fundamental porque hablaban de los mismos temas. De alguna manera, el trap era el tango de ahora.

Habla de la calle, de las cosas que pasan, del corazón roto, de las ciudades, de extrañar. En ese momento era el tango de 2020. Ahora, como dice Leo García, el trap ya es viejo; ahora es vintage (risas). Me gustó ese camino de jugar con algo que no muchos se estaban animando a hacer. Siempre me copa hacer algo diferente.

– Desde el lugar de la composición, ¿es difícil unir los géneros más tradicionales con los modernos?

Para mí, en el tango prevalecían esos bajos, ese origen que viene de la milonga y del candombe. Ese ritmo afro es lo que tomamos incluso para hacer lo que nosotros llamamos «tango meneo»: algún reggaetón que hicimos, como “Pacto galáctico”, con bandoneones. Era como un reggaetón re argentino, porque tomamos ese ritmo del dembow, que mezcla ritmos afro.

Encontramos una manera fluida de unirlos en los primeros tangos trap que hice con Nico, que también es oriundo de La Plata. El proceso fue bastante natural, sobre todo por cómo se relacionan los bajos y los ritmos desde lo musical.

– En tu disco conviven influencias que van desde Bajofondo hasta Feli Colina. ¿Tuviste algún norte artístico, algún detalle de otros artistas que quisieras tomar?

Sí, total. Creo que Feli Colina fue una referencia, sobre todo por esa actitud más desacatada dentro de lo folclórico. Siempre admiré eso y me gusta evocar ese tipo de actitud. También artistas como Nathy Peluso, que trabaja con ritmos más caribeños, pero tiene una presencia muy fuerte con la voz. Puede recitar y decir ciertos manifiestos, casi como una protesta. Eso estuvo muy presente para mí.

Y, aunque en cada canción prevalezca un sonido distinto, Mercedes Sosa siempre está ahí, en la poesía y en esa oda a la naturaleza y a la tierra de uno. Ella siempre transmite un mensaje. Sandra Mihanovich también fue un referente, al menos en lo vocal. Quería explorar otros sonidos de mi voz y de mi registro. Ella estuvo presente en varias oportunidades, como referencia para ir más allá con la voz y ampliar el registro vocal.

– En tu proceso, ¿aparecen primero la música o las letras?

Muchas veces las letras, porque me gusta mucho la poesía. Siempre están presentes. Agarro el celular y a veces empiezo a grabarme, a escribir o a recitar. Pero todo lo que tenía preparado para este álbum quedó archivado, en algún punto, desde el primer día que nos juntamos en el campo. Yo tenía dos preconceptos de lo que quería hacer y en ese momento fluyó otra cosa.

Como te decía, al tener esa libertad para jugar, me entregué al proceso. De pronto, estaba en la casa con unos sintetizadores y sentía que tenía que decir algo arriba de eso. Hubo mucho freestyle, algo que veníamos entrenando. Nos juntábamos una vez por semana en Ciri Records, un estudio de raperos de Adrogué, donde me cruzaba con Klan y con todos los chicos de las batallas. Jugué mucho al freestyle en ese estudio y llevamos esa experiencia al momento de hacer el álbum.

Entonces, todas las letras que tenía preparadas quedaron para otro momento. Dije: «Bueno, ahora tiene que ser esto, porque este es el mensaje que quiero dar». Estoy conectada con este momento, con este entorno, con mi ciudad natal y con los músicos que se van incorporando al proceso.

A veces, una melodía te genera una emoción. Me pasó con el bandoneón: primero lo escuché, me produjo melancolía y después la canción salió de golpe. Dejé fluir ese proceso porque era muy enriquecedor. Había un ida y vuelta constante entre jugar con los instrumentos y trabajar con la letra: probar una voz acá, decir algo de otra manera. Fue un laboratorio, con un intercambio permanente entre letras y música.

– ¿Cómo vivís la dicotomía de querer conectar con tu ciudad de origen y, al mismo tiempo, saber que para hacer música tenés que venir a Buenos Aires?

Mi abuela decía: «Dios está en todos lados, pero atiende en Buenos Aires». Me crié con ese dicho y era súper real. Hoy sabemos que todo está bastante centralizado, pero es una especie de guerra interna. Los tiempos de vivir en un pueblo rodeado de naturaleza y de una geografía particular son más biológicos. Son tiempos distintos: observar la caída del sol y entender que ahí termina el día.

En cambio, el tiempo de Buenos Aires es muy mental, muy del reloj y del timing. Hoy también está atravesado por las redes sociales: todo el tiempo estás viendo qué pasa, las agendas y las actividades. Últimamente estoy pensando mucho en eso porque pronto voy a hacer una fecha en mi pueblo. Siento que voy a volver a llevar todo lo aprendido, como siempre, al origen. Este fin de semana también lo hablaba con un coterráneo de Chascomús: se trata de salir a buscar al mundo, pero siempre volver a recargar las pilas en ese lugar y no olvidarse de dónde venís, de tus raíces.

Eso es lo más importante para mí, incluso en la música. No olvidarte de tu raíz. Podés probar y hacer lo que sea, pero tenés que honrar tus raíces, no solo las musicales, sino también de dónde venimos, dónde fuimos criados y qué valores tenemos. Para mí es fundamental recordarlo.

– Quería preguntarte por el origen de dos canciones. Primero, “El otoño”, que me encantó por cómo los sintetizadores generan el ambiente y la guitarra te va llevando. ¿Cómo surgió?

“El otoño” surgió debajo de un árbol mío, al que le crecen líquenes, como los que ves en el sur. Parece que tuviera una gran barba. Es un árbol muy especial. Me senté ahí a escribir, y justamente era eso que acabás de mencionar: los sintetizadores, ese sonido poderoso que estábamos evocando, un poco en la línea de The Weeknd, que también estaba presente en el álbum.

Queríamos lograr esos ambientes entre lo oscuro y un trip esperanzador. Me senté a escribir y era otoño. En ese momento, el viento empezó a mover todas las hojas y dije: «Bueno, es el otoño hablando y le voy a dar la voz».

Necesitábamos una guitarra galáctica, una guitarra que te llevara a su punto más extremo, y esa voz tan ancestral, un poco celta, folk, vikinga. Para mí, sería la voz de la naturaleza. Si uno piensa en la voz de la Pachamama, sigue siendo Mercedes Sosa. Pero la voz de un árbol sería algo así, con tambores y algo más vikingo, con esa fuerza que tiene el otoño de deshojar todo para volver a brotar. La guitarra, en cambio, tenía esa esperanza primaveral.

Para mí, después de que caen las hojas, siempre vuelve a florecer todo. Ese era un poco el concepto del álbum, así que la canción tenía que estar: es un disco con una idea muy natural y floral, de florecimiento y renacimiento. Queríamos lograr un sonido un poco oscuro, que hablara de dejar ir y de la muerte, y la guitarra fue clave.

El guitarrista que la grabó fue Emanuel Saez, de Viva Elástico, que colaboró en tres canciones del álbum y a quien admiro muchísimo. Sabía que iba a lograr ese sonido tan galáctico. Al principio había empezado a trabajar esa idea con Laureano González, que también estuvo en el proceso del álbum. Él propuso que rockeáramos y devolviéramos un solo de guitarra, porque también hacían falta distintas capas de guitarras.

– Hablando de colaboradores, ¿desde el principio decidiste no tener featurings y decir «este es mi disco»?

Sí, cien por ciento. Tenía ganas de colaborar con varios artistas porque, en esos procesos, te empapás del mundo del otro y salís transformado. Es re lindo mezclarse. Pero sentí que las colaboraciones iban a venir después del álbum, porque primero quería hablar de mí, de mi identidad y de adónde había llegado por mis raíces y también a pesar de ellas.

Fue una decisión: no hacer un álbum súper conceptual en torno a las colaboraciones. Ya habrá lugar para trabajar con otros artistas a partir de esta base y expresar también eso.

– La otra canción por la que te quería preguntar es “En la eternidad”. ¿Cómo fue surgiendo?

Es re loco porque “En la eternidad” tiene un pedacito de “Aire” de Johann Sebastian Bach. Es interesante que ahora muchos estén explorando de nuevo la música clásica. A mí me recordaba mucho a mis épocas del conservatorio en Chascomús, cuando era más chica, y también a mis épocas de estudiar teatro. Era una canción que me sumergía en lo que se hace durante el calentamiento teatral, cuando entrás en calor. Me conectaba con una parte muy íntima de mí. Siempre me gustó que se llamara “Aire”.

En este concepto de hablar de los elementos, el fuego, el agua, la tierra y el aire están presentes en distintos momentos del álbum. También está “Remo, remo”. Me gusta la idea de poner un latido de corazón, porque remite al origen: el primer sonido que sentimos es el latido del corazón, supongo que el de nuestra madre. Es algo muy interno. En “En la eternidad”, que habla del renacimiento, ese latido representa el momento previo a renacer. Es el latido del corazón materno, como un sonido intrauterino. Pero no queríamos que sonara como una ecografía. Buscábamos evocar esa sensación mística que también transmite la música clásica.

– Todo esto que venimos charlando sobre tu pueblo se relaciona también con tu mundo audiovisual, donde conectás con la naturaleza.

Sí, totalmente. La naturaleza es el mejor de los escenarios para mí, el mejor de los entornos. Me encanta también el mundo visual, porque las imágenes aparecieron durante todo el proceso. Siempre quiero plasmarlas, aunque después pasan cosas, como en cualquier otro proceso, y termina siendo lo que tiene que ser.

En Electrocriolla también quería mostrar la naturaleza: lo filmamos en un bosquecito de Chascomús. Y en “Hija del tigre” aparece esa caída del sol en mi pueblo, que es tan importante. Quería mostrarlo como una película. Cada vez que lo veo, siento que es un atardecer diferente, así que quería llevarlo a la pantalla.

Ahora, más que nunca, con Astr0delika, todo está relacionado con ese contexto: la psicodelia, las flores, las mariposas, las ramas y los troncos. El otro día filmamos con una fogata. Cuando salgan todas las visuales, van a mostrar el elemento de cada una. Para mí era necesario darles protagonismo porque son los mejores personajes.

– ¿Cómo ves la escena actual? Hay artistas más masivos, como Milo J, que también incorporan el folclore, y otros más chicos, como Carrito [Broke Carrey, N. del E.]. ¿Te gusta esa mezcla que está empezando a darse?

Sí, me gusta. Vi a los dos en vivo y son bárbaros. Carrito me parece espectacular, todo lo que gira alrededor de su universo. Cuando lo conocí, al principio me hacía acordar más a Dillom, a otra onda sonora. Ahora está re chacarero, y eso me tira más.

Milo J me parece recontra clave porque hay una generación entera, de su edad o más chica, que está absorbiendo el folclore a través de la música mainstream. Es tan masivo que llega a personas que quizás no escucharían folclore si no fuera porque aparece en las playlists que consumen. Y Milo J tiene ese diferencial: el folclore.

La idea es que prevalezca a través de las generaciones. Para mí, esa es un poco la tarea de fusionarlo: que siga llegando a distintos ambientes, culturas y edades. Me encanta que haya tanto folclore y tanta fusión ahora.

– Si sumamos también el rock, que tiene una tradición muy fuerte acá, ¿sentís que en estos últimos años hubo un resurgimiento de lo nacional? ¿Que al mezclar géneros también estás diciendo «soy argentina, estos géneros son nuestros»?

Sí, definitivamente. No sé si todo esto tuvo que ver con la argentinidad que surgió después de ganar un Mundial. No sé si apareció una especie de esperanza de defender lo que nos diferencia, lo que nos hace distintos y nos da esa mentalidad que nos permite lograr ciertas cosas. Y no hablo solamente del fútbol.

Pero sí, me parece que hubo un resurgimiento. El otro día lo hablaba con una amiga que también hace tango fusión. Nos preguntábamos: «Bueno, ¿y ahora qué onda? ¿Está de moda?». Y pensábamos cuánto tiempo esperamos para que esto pasara y cuánto tuvo que sostenerse para dejar de ser algo raro.

A mí me pasaba mucho cuando iba a cantar a los festivales de tango de mi pueblo. Tenía 14 años y mis amigas no querían ir a verme al teatro porque les parecía un embole. Mis amigos eran los del PAMI, los de la asociación de tango, que eran unos capos. Se juntaban a tomar mate y a verme ensayar los domingos; me cambiaban las pistas de tonalidad. Me decían «la piba» porque, claro, a veces ni se acordaban de mi nombre.

No sé si es una moda, porque todo va y viene, pero creo que estamos valorando lo nuestro: el tango, el folclore y todo lo que nos pertenece. También tiene que ver con la tierra y con lo que está pasando a nivel político. Creo que estamos tomando conciencia de lo que es nuestro, de lo que hay que defender, sostener y expresar.

Para ir cerrando, quería preguntarte por el show en Biri Biri. ¿Qué podemos esperar?

De todo. Va a haber invitados y danza; ya estamos con los ensayos. Es un show que va a tener varios momentos de homenaje, no solo a todo mi recorrido, sino también a las personas que me atravesaron y a quienes admiro mucho. Algunas van a venir a cantar conmigo.

Ya me emociona de antemano compartir mis canciones con otras personas. Además, es un lugar súper íntimo: vamos a estar muy cerca, mirándonos a la cara, a los ojos. Es como un pequeño teatrito en Palermo. También comparto la fecha con Flor Lovaglio, lo cual es espectacular, porque la admiro un montón. Es una coach vocal muy zarpada.

Vamos a pasar por distintos momentos. Va a haber lugar para Electrocriolla y para que prevalezcan el tango y el folclore. Después iremos llegando al disco nuevo, pero el sonido está muy unificado. Estamos trabajando mucho la percusión, que sigue estando presente, y también va a haber bandoneón. Habrá muchos momentos hermosos de ida y vuelta.

Un pensamiento en “Astr0kate: “La naturaleza siempre está presente en lo que hago””

  1. Que artista es Astr0kate!. Tiene una voz tremenda ! Sus videos son una hermosura y la creatividad y composición poética en cada tema es magica...una metamorfosis sensual y musical q atrapa. Y conmueve!

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