
Javiera Mena repasó los 20 años de “Esquemas juveniles” en Deseo: juventud, emoción y baile
A dos décadas de su álbum debut, la cantautora chilena volvió a Buenos Aires para demostrar que aquellas melodías generacionales todavía pueden emocionar y encender una pista.
El tiempo terminó de poner a Esquemas juveniles (2006) en el lugar que merecía. El debut de Javiera Mena no pasó inadvertido cuando apareció hace dos décadas: ya entonces daba cuenta del talento de una nueva voz del pop chileno y latinoamericano, capaz de combinar baladas generacionales, melodías bailables y un imaginario propio, sensible y en permanente búsqueda. Pero había algo más difícil de explicar que el disco fue revelando con los años. No era solamente un buen debut, sino un clásico moderno que no para de agrandar su leyenda.
Bajo la excusa de celebrar su vigencia, la cantautora chilena volvió a Buenos Aires el jueves para un show agotado en Deseo, donde las vivencias personales de quienes crecieron con aquellas canciones se cruzaron con una celebración colectiva del pop y sus posibilidades. Porque aunque Esquemas juveniles captura las inquietudes de una edad y una época, sus canciones parecen haber encontrado la forma de escapar de ambas. Siguen sonando a juventud, pero ya no pertenecen únicamente a quienes las escucharon por primera vez hace veinte años.

Como cuando volvemos a poner un disco que conocemos de memoria, el concierto arrancó con “Al siguiente nivel”. Bastaron los primeros sonidos de sintetizador para que aparecieran las imágenes: la inquietud de la juventud, la ansiedad de crecer y también el lugar que aquellas canciones ocuparon en el despertar queer de muchos de los presentes. Pero Mena evitó el repaso lineal que habría llevado directamente a la canción que da título al álbum.
En cambio, Esquemas juveniles reapareció en ráfagas a lo largo de la noche, entremezclado con distintas etapas de su discografía. “La joya” y “La carretera” dieron paso a los primeros movimientos de una pista que pronto encontraría su verdadero pulso. Santiago Motorizado se sumó para “Sol de invierno”, ocupando el lugar que Gepe tiene en la versión de estudio, y se quedó para “Mar de coral”, donde se divirtió ensayando su mejor voz de crooner seductor.

El núcleo del show, de todos modos, estuvo en el baile. Javiera Mena recorrió distintas facetas de su carrera con una sucesión de canciones que convirtió Deseo en una celebración de su universo pop. “Sincronía, Pegaso” arrancó con cautela y terminó entre los momentos más bailados de la noche, mientras que “Luz de piedra de luna” y “Espejo” prepararon el terreno para una seguidilla en la que la pista ya no dio tregua.
“Diva”, con Miss Lupe como invitada, reforzó la dimensión teatral de una artista que también entiende el pop como un espacio de juego, seducción y construcción de personajes. Juliana Gattas aportó otra dosis de brillo en “Espada”, uno de los singles más destacados de Otra era (2014), y terminó de darle forma a uno de los puntos más altos del concierto. Rodeada de sintetizadores, Mena bailó e interactuó con el público, demostrando que su repertorio puede sostener una fiesta sin resignar personalidad.

La primera tanda de bises cambió radicalmente el clima. Acompañada por el divertidamente bautizado “Coro juveniles”, integrado por Luli Taubas, Luna Etc y Babeblade, Mena recuperó el costado más íntimo de su debut con versiones a piano de “Perlas”, “Está en tus manos”, “Cámara lenta” y la propia “Esquemas juveniles”. Después de la euforia electrónica, la sencillez de estas interpretaciones permitió reencontrarse con melodías que conservan su poder emocional sin necesidad de grandes artificios, en un tramo que recordó que detrás de la productora de himnos bailables siempre estuvo la cantautora de sensibilidad introspectiva.
Tras una nueva despedida, Mena regresó para devolver el baile al centro de la escena con “Otra era”, cuya irresistible melodía de sintetizador puede poner a bailar hasta al más duro de huesos. El cierre llegó con “Yo no te pido la luna”, el clásico de Fiordaliso que la chilena hizo propio en Esquemas juveniles, mientras la portada del disco y sus letras acompañaban desde las pantallas.

En tiempos en que las giras aniversario y los conciertos dedicados a discos emblemáticos se multiplican, Javiera encontró una forma de evitar que la celebración se convirtiera en un simple ejercicio de nostalgia. Quienes esperaban una reproducción fiel del debut quizás hayan notado la ausencia de “Cuando hablamos”, con la decisión de privilegiar los cruces entre épocas ganando la pulseada a la reproducción literal del tracklist.
En lugar de reconstruir Esquemas juveniles de principio a fin, la cantante lo usó como punto de partida para recorrer una carrera que se expandió hacia el baile, la electrónica y el espectáculo. Eso sí, sin perder el pulso emocional de sus primeras canciones.
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