
Alex Anwandter: “Ya no soy el veinteañero psicótico que solo piensa en canciones”
El artista chileno habló con Indie Club sobre la celebración de sus veinte años de carrera en el Gran Rex, repasó sus distintas etapas y contó en qué estadio está su nuevo material discográfico.
Alex Anwandter es un bastión del pop latinoamericano y uno de los artistas más importantes de la escena de estos últimos veinte años. Por eso, en el marco de la celebración de su carrera, el artista se presentará el próximo 18 de septiembre en el mítico Teatro Gran Rex, donde repasará todos sus discos y tocará material nuevo en el show más grande de su carrera hasta el momento en el país.
En una charla con Indie Club, el artista contó cómo fue cambiando su mentalidad a lo largo de los años, el proceso de pasar de una banda a un proyecto solista y qué es lo próximo que se viene. Además, habló de su trabajo como productor en el segundo disco de Juliana Gattas y adelantó qué se puede esperar de su show en el Rex.
– Después de tantos años de carrera, ¿qué le aconsejarías al Alex que recién estaba arrancando?
Que de los errores se aprende. Lo único que me hubiera gustado es estresarme menos, por ahí (risas). Cuando era más chico, para llegar a buenos resultados —o resultados que me parecían bien— me castigaba un poco a mí mismo. Me exigía en un sentido más autoflagelante, y eso ya lo abandoné hace mucho tiempo. Pero también aprendí eso, ¿no? Es lindo superar esas cosas. Antes era como: “Tengo que hacerlo bien”. Ahora es distinto.
– ¿A partir de qué momento de tu carrera pudiste realmente dedicarte de lleno a la música?
La verdad es que siempre y nunca. La música no es una profesión que se caracterice por su estabilidad, pero al mismo tiempo tuve la suerte de que, desde el primer single de mi primer disco con mi primer proyecto, me fue bien. Era como: “Ok, esto es una máquina que está andando y puedo depender de esa máquina”. Y también soy una persona sencilla. No necesito un Rolex ni un Rolls Royce.
– Mencionaste tu primer proyecto. ¿Te genera algo de nostalgia la época de Teleradio?
No. Soy muy poco nostálgico en general. Prefiero todo mucho más ahora. En esa época me estresaba, tenía menos presupuesto para hacer las cosas que quería hacer, sabía menos, mi conocimiento técnico era mucho más simple, más precario.
Demasiada información en la banda venía de mí. Yo componía prácticamente todo, producía absolutamente todo, mezclaba todo, dirigía los videos, elegía el arte… Había algo de timidez de no lanzarme derechamente a ser solista cuando estaba partiendo. Pero también, eventualmente, en Chile los proyectos que surgieron y se mantuvieron con el tiempo eran proyectos solistas porque, a nivel logístico, era lo único que se podía mantener económicamente.
Tener una banda es muy caro. Todo se divide entre cuatro o cinco personas y los números no dan. Mi generación, en Chile, los que sobrevivieron eran solistas porque durante varios años tuvimos que salir a presentarnos con una computadora o una guitarra y listo.
– ¿Y de esa timidez viene también Odisea (2010)?
Yo creo que sí. El primer disco que publiqué con mi nombre lo hice así porque tenía una cualidad muy difícil de objetar: era algo muy personal, muy indisoluble de mi identidad como persona y mi identidad artística. En Odisea todavía no me sucedía eso. Era mucho más experimental, como “todas las ideas locas que tenga las voy a poner en este receptáculo que se va a llamar Odisea”. Funcionaba muy bien para eso. Pero muy rápidamente me apareció otra inquietud: hacer música mucho más emocional y personal. Ahí el nombre de Odisea tampoco me calzó.
– De ahí viene Rebeldes (2011), un disco con canciones como “Tormenta”. ¿Con el paso del tiempo te seguís llevando bien con esos temas?
Sí. Me parece un disco súper sólido. Lo coproduje con otro productor chileno y hablábamos mucho de discos sólidos, como Tapestry de Carole King o Faith de George Michael. Discos sin muchas canciones, pero donde cada una se sostiene muy bien por sí misma y aporta algo distinto. Y Rebeldes es muy así: ninguna nota se repite, cada canción aporta algo diferente y el disco nunca aburre.
– Después de tantos años de carrera, ¿te pasa como a Julian Casablancas, que ya no quiere tocar “Last nite”? ¿Hay canciones tuyas que ya no querés tocar?
Sí, me pasa un poco. Tengo un par de “Last nite” ahí (risas). Hay una que le gusta mucho a mucha gente, “Tatuaje”, de Rebeldes. No la toco muy seguido, no porque me aburra, sino porque me cuesta interpretarla con sinceridad. Y va a sonar medio mamón, pero no me gusta la sensación de estar haciendo algo en lo que no creo. Si no puedo convocar una sensación parecida a la original, prefiero no hacerlo. Yo no soy un vendedor.
Hay una de Teleradio que odio un poco: “Cama de clavos”. Nunca más la toqué porque la letra se me hace una estupidez.
– Vos compartiste camada con Javiera Mena y otros nombres fuertes del pop chileno. ¿Viste una evolución en la escena chilena o quedó medio estancada?
Sí creo que lo que pasó en Chile tuvo mucho que ver con la industria musical. Cuando yo empecé, la industria discográfica en Latinoamérica había implosionado y los primeros mercados a los que les cortaron presupuesto fueron los pequeños, como Chile. Entonces ningún sello firmaba artistas nuevos. Eso nos pasó a todos mis contemporáneos.
Toda esa época se trató de descubrir caminos propios, tanto artística como profesionalmente. Y eso fue muy bueno para el arte. Creó artistas como Javiera, como yo o como Gepe, que eran exportables de una manera distinta. Cuando existe una industria local fuerte, muchas veces se firman artistas más estandarizados.
– ¿Y qué pasa ahora?
Ahora volvió la industria y hay artistas muy talentosos, pero tienen otro problema: competir contra industrias más grandes haciendo algo similar. Un artista chileno de industria tiene que competir con artistas enormes del mismo estilo y eso es muy difícil.
– ¿Creés que sos un buen ejemplo para esa industria? Porque siempre tomaste postura en tus canciones y, aun así, llegaste a lugares como los Grammys.
Hace muchos años escuché una frase —creo que de Jim Jarmusch— que decía que él se sentía muy cómodo con el tamaño de su público. Y eso me recableó el cerebro. Pensé: “A mí me gusta esta cantidad de gente que me sigue”. No quiero entrar en una carrera de crecimiento infinito.
Eso hizo que mi relación con el público cambiara. Es como decirles constantemente: “Ustedes son suficientes”. Y se genera algo muy lindo.
– Pero llegaste a lugares donde la industria te diría “para llegar, seguí las reglas”.
Sí, pero llego por el ladito. Cuando fui a los Grammys nunca fui esperando ganar. Y nunca gané con mis discos; el Grammy que gané fue con Julieta Venegas. Cuando me nominaron a mí, estaba compitiendo con Juanes o Alejandro Sanz. Ellos sí son mainstream. Yo no.
Pero tampoco basureo los Grammys. Al final son muchos músicos votando y los músicos valoran el tipo de trabajo que hago.
– Hoy estás radicado en Estados Unidos y Buenos Aires parece casi tu segunda casa. ¿Te costó irte y extrañás Chile?
Soy muy panamericano. Soy chileno, paso más tiempo en Argentina que en Chile y crecí con mucha cultura brasilera por mi papá. El Cono Sur es una mezcla en la que siento que pertenezco un poco a todo.
Obvio que extraño. Los gringos son fríos. Hay gente increíble y tengo amigos muy cercanos, pero extraño mucho Latinoamérica.
– El año pasado me contabas que estabas trabajando en un disco tan raro que quizá querías sacarlo con otro nombre. ¿En qué quedó eso?
Ya lo grabé en enero, en Nueva York. Pero me parece que lo voy a publicar después de otro disco que ya escribí. A veces me pasa eso: necesito escribir un disco de transición antes de publicar otro para que realmente se note el cambio.
Ese disco raro eventualmente va a salir con un pseudónimo. Después de hacerlo me di cuenta de que tenía la función de limpiarme de mucha información para poder hacer este otro disco nuevo, que sí va a ser un cambio importante.
– ¿Te gustaría sacarlo este año?
—No, más para el otro. Este año voy a estar concentrado en los shows de los 20 años: el Gran Rex, el Movistar en Chile… y quiero darles su espacio. Ya no soy el veinteañero psicótico que solo piensa en canciones. Quiero pasarlo bien.
– También me habías dicho que estabas trabajando en proyectos de cine. ¿Avanzaste?
Avanzan a paso de tortuga. Es lento y pesado, pero sí. La próxima semana tengo una reunión importante.
– ¿Te apuntás a dirigir?
Sí, claro. Ya escribí dos o tres guiones. Así que denme plata, por favor (risas).
– Te quiero preguntar también por Juliana Gattas y María Wolff, con quienes venís trabajando desde el rol de productor.
El segundo disco de Juliana va muy bien. Ya grabamos todo y está precioso. Me parece que está dando un paso grande hacia adelante respecto al anterior.
Y con María también me encantaría seguir trabajando. Me alegra mucho todo lo que pasó con su disco acá y que vaya a tocar en Primavera Sound. María tiene sus propios tiempos, pero nunca estuvo quieta: estuvo produciendo y trabajando en otros proyectos.
– Llegando a los shows aniversario, los tres Niceto del año pasado estuvieron buenísimos. Tenés una conexión muy especial con el público argentino. Ahí invitaste a Juliana e hiciste “Sin disfraz”, de Virus. ¿Cómo elegís esas referencias?
Con el mismo criterio del que hablábamos antes: mi capacidad de hacerlo de manera sincera. Virus es mi banda argentina favorita. Es el pop argentino con el que más conecto y con el que crecí escuchando. Entonces, si iba a interpretar algo, tenía que ser Virus. Además, esa vez tocábamos por primera vez en La Plata y era una forma de regalarles algo también.
– Ahora vas a debutar en el Gran Rex, un lugar mítico de Buenos Aires. ¿Pudiste ver algún show ahí?
Ninguno. No lo conozco todavía. Lo conozco en fotos. Espero ir antes del show, aunque sea un poco.
– ¿Qué podemos esperar de ese show?
Va a ser un recorrido más amplio de lo que acostumbro hacer acá. Más hacia atrás y quizás incluso más hacia adelante. Estoy pensando en tocar algo nuevo también. Son 20 años de carrera, no 50. Tengo carrera para adelante todavía. Me interesa señalar eso: que es una fiesta, pero de algo que va a seguir andando.
Y también me interesa mucho invitar a amigas y amigos musicales que me acompañaron durante estos años.
