maría codino entrevista

María Codino: “No puedo hacer un disco sin que sea sobre algo que me atraviesa”

La artista estrenó Valor agregado, un disco atravesado por la relación entre la tecnología, los procesos creativos y la necesidad de defender aquello que todavía nos hace humanos.


Los procesos llevan su tiempo, algo que esta realidad no puede aceptar. María Codino trató de torcer la misma con Valor agregado, su último disco. Una obra que pondera esa sensación humana del hacer y darle esa plusvalía inherentemente natural de las personas.

La artista habló con Indie Club sobre los procesos creativos, la tecnología que nos rodea, las inquietudes que dieron forma al álbum y la importancia de hacer canciones que nazcan de algo que realmente la atraviesa.


– ¿Dónde nace tu último disco, Valor agregado?

 Yo creo que nace en un momento  en el cual me sentía muy acorralada por el ruido digital, la tecnología. Todo el desarrollo de la inteligencia artificial, que me estaba blindando muchas esquinas de mi vida y me sentía un poco hasta angustiada. Desde lo personal, laboral y humano, dije: “Bueno, esto es de lo que quiero hablar en el disco”. Fue un proceso que lo vi bastante claro.

– Hablás de la tecnología, ¿no hay una visión tecnófoba o apocalíptica de ella? ¿Cómo la tratas? 

Sí, 100%. Porque también me parece que pararse desde la otra esquina y decir: “Ah, la tecnología es una mierda” es querer tapar el sol con una mano, porque también trae cosas buenas y cosas que hacen progresar. Me parecía interesante ese punto porque con todo esto de la inteligencia artificial tenía una actitud pasiva. Quería tomar un rol más activo aunque sea de manera más consciente. No aislarse de la tecnología pero sí ser consciente de “¿Qué hacemos? ¿Qué hago con mi tiempo?” 

– Te preguntaba dónde nació porque tu anterior disco, Tiene que haber un mapa, parecía más como una brújula con muchas direcciones y capaz búsquedas más personales. ¿Es más una declaración de intenciones o un mundo matizado por tu mirada este nuevo?

 Yo creo que Tiene que haber un mapa está muy marcado por una sensación de búsqueda, de incertidumbre, de querer explorar y encontrar respuestas. En este disco me sentí desde un lado más centrado. No porque tenga todas las respuestas, sino porque realmente es algo que me está atravesando y lo siento de manera más tangible. 

Así que sí, lo noto como un eje. No tanto de búsqueda como en el anterior, sino como con algunas más… no sé si decir certezas, pero cosas por ahí un poquito más claras.

– Dentro de ese proceso también está algo que te atraviesa a vos.

No puedo hacer un disco sin que sea sobre algo que me atraviesa. En el anterior estaba muy con que tiene que haber una dirección de hacia dónde van las cosas, y en este un poco lo que más me atrapaba era decir qué está pasando con nuestras vidas, este nivel de desarrollo y ruido de la tecnología.

– El disco arranca con “Club de la nostalgia” y ahí decís: “Esto no es romántico amor”. Hay un poco de eso en el disco, es poco romántico desde el hecho de la visión hacia el futuro, pero a la vez no, porque tiene ese carácter humano que lo hace romántico.

Sí, puede ser. Hay algo que creo que siempre termina siendo en algún punto poético. Yo creo que esa canción dice eso porque no es una canción de amor, estamos hablando de otra cosa. Está bueno que ese mensaje sea el que abre el disco. Abre la puerta como para entrar en lo que el disco va a contar.

– ¿Cómo vivís la nostalgia musical? Hay componentes muy nostálgicos musicales con las baterías medio noventeras, mucho indie pop de la década anterior.

Soy una persona bastante nostálgica. Con respecto a las baterías, sí, justamente en un momento había pensado hacer las baterías que sean todas estilo ochentas y noventas. Me gusta bastante también ese estilo musical y es al que recurro bastante seguido, como que es mi lugar seguro. Después dije: “Bueno, no me quiero casar con la idea de que las baterías suenan todas con cierto estilo similar”. Entonces es un mix, pero sí, las otras también tienen algo más noventas.

Hay un tema que es más oscuro, “Polvo de ciudad”, que encima cuando la compuse era aún más punk y más oscuro de lo que terminó siendo. También hay veces que quiero ser coherente, tampoco puede ser un tsunami. Es que tengo influencias del punk entonces me sale que los discos terminan siendo un mix. Como por ahí más melancólico, pop nostálgico, otros que son más oscuros y otros que por ahí son un poco más rock.

– Parece un trabajo más meticuloso en la mezcla, más desde los detalles e ir a lo puntilloso. ¿Cómo construiste las canciones? 

A mí me gusta que se sientan las capas de los sonidos, los detalles. Soy muy de poner sonidos percusivos chiquititos, que tengan un delay largo, visten mucho la canción. O quizás un ruidito de guitarra que melódicamente no tiene sentido, pero lo tomo como un ruido que tiene que estar, y creo que en este disco también di el espacio a que eso persista en las mezclas.

Hay veces que los detalles no se terminan definiendo bien entre la mezcla y máster y por ahí quedan más atrás o más aplastados. En este disco se logró tener esas capas que a mí tanto me gustan. Disfruto mucho de escuchar bandas o discos que se escuchen bien, hasta te diría la mezcla un poquito más cruda, que escuches cada capa de layers.

– ¿Cómo fue tu rol de autoproducirse completamente?

La verdad que en ese sentido no lo sentí como un un rol nuevo. Estoy acostumbrada a producirlo al 100%. Los temas los llevo como casi todos cocinados porque para mí la composición y la producción van de la mano. Lo hice más activamente, dije: “Lo quiero producir yo, acá con lo que tengo con las herramientas que tengo”. También me parecía que era un mensaje que iba de la mano con el concepto del disco. Que no haya tantas cosas intermediando el mensaje.

– También hay algo en lo territorial, como el hecho de que lo hayas grabado en tu home studio.

Sí, siento que eso te genera una intimidad que en un estudio no sale. Tiempo para encontrar las cosas que están en la comodidad de tu casa y de tu propia intimidad, y decir “bueno, pruebo esto, no me gusta, pruebo otra cosa”. Por ahí al principio me parecía raro, después le pongo un efecto y se genera algo interesante. Digo que lo disfruté porque pasa que te empezás a enroscar, pero siento que este disco como que lo hice muy tranquila y a conciencia. Como queriendo disfrutar de esa decisión.

– Ahí mezclaste eso de la técnica con el mensaje que es aparte, muy humano, donde también entran contradicciones y pensamientos, ¿De dónde salió? 

No nace solo de la tecnología, sino también de los procesos. Todos quieren optimizar el proceso humano hoy en día, optimizar el tiempo, los procesos… Estos últimos años me frené y al final llegué a la conclusión de que esos procesos son los que te transforman y te hacen crecer.

Desde ese lado partí a la hora de empezar a producir el disco. Hice toda esa reflexión interna que me llevó tiempo y creo que de ahí salió como también la idea de decirlo lo hago con los elementos que tengo.

– Cada vez está más lejos el proceso para tomarse el tiempo para uno mismo, porque cada vez nos mostramos más.

Sí, hoy en día la sociedad está muy tirada para el afuera y todo lo que va de acá para adentro está visto como pérdida de tiempo, como que no es capitalizable. Entonces este disco navega un poco alrededor de esas cosas.

– Bueno, está hasta en el nombre lo capitalizable, el valor agregado.

Sí, hay medio un juego. El nombre yo lo tenía en la cabeza como que más allá de cualquier tecnología nueva, IA, siempre hay algo que es irreemplazable. Quiero creer que es así, que estamos todos con esa seguridad y quitar esa angustia. Si me pongo más a lo largo del sistema, todo el tema de la inteligencia artificial es parte de la gente que tiene el poder y que nos lo pone sobre la mesa y medio que no nos deja opción.

– Es un disco muy pensado, una obra bastante integral y que plantea un mundo. ¿Cómo surge el arte de tapa? ¿Hace una antítesis con la anterior?

Es más artesanal, en cuanto a lo visual mi estética siempre va más por ese lado. Tenía pendiente permitirme usar fotos propias para que sean las tapas del disco y de manera orgánica y no desde el lado narcisista. Que sean parte del universo y creo que con este disco calzó justo. 

Me ponía a la madrugada a ver fotos que tenía, me imaginaba como que tuviese alguna transparencia y empecé a jugar con esa foto que es un ajedrez a escala humana y a transparentar con otras imágenes hasta que encontré esta mujer que está en un parque leyendo un libro. Me pareció genial porque me imaginaba como lo humano en el centro, que es ella, leyendo en un parque con hojas, y arriba el ajedrez que para mí es como la tecnología, lo geométrico, lo que te encierra.

– También que comparte como una obra medio nostálgica ¿Te parece contradictorio también el hecho de lo nostálgico con lo humano?

No creo que sea contradictorio, pero tampoco creo que todo haya sido mejor. Hay algo de que es el lugar seguro, trato de no encasillarme en eso. Pienso en lo de admirar artistas que están muertos, yo siempre digo que tratemos de disfrutar de los artistas que están vivos, porque son los que están hoy haciendo música. Te mentiría si te dijera que no tengo también ese lado nostálgico que ahí se ve en la estética de las cosas. Hay algo de lo analógico que a mí siempre me atrae y me lleva a un lugar muy propio. Es difícil no encontrarme en eso.

– ¿Qué obras para vos interactúan con Valor agregado desde lo humano?

Se me viene a la cabeza una película que se llama La Quimera de Alice Rorschach. Estuve leyendo Miranda July el año pasado cuando compuse el disco, la última novela que se llama All Fours. Creo que ella es una artista súper libre, súper creativa y que es capaz de exponer sus sensaciones de manera muy única porque es como poética pero muy real. Después estuve leyendo otro libro que se llama Posteridades Digitales de David Sisto. Un libro italiano que habla un poco sobre la muerte, la tecnología y la vida post mortem digital. Me parecía interesante para seguir componiendo averiguar más cosas y  nutrirme para también escribir sobre este tema entonces estaba medio en ese universo el año pasado cuando arranqué a componer.

– En una nota hace un tiempo te referías a que creías en el arte. ¿Seguís pensando eso?

Sí, 100%. Es como la religión que no es religión, pero está ahí, está para todos. Una normalizadora, siempre disponible. Es calidad de vida, el arte es una manera de lenguaje con el que podés vivir gratuitamente y que te acompaña a vivir la vida de otra manera, y creo profundamente que genera lazos, te transforma. Siempre lo pensé y lo seguiré pensando.

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