
Sakatumba convirtió su primer Niceto en una celebración del presente
Con 23 canciones, acústicos y estrenos, el grupo mostró por qué se convirtió en una de las propuestas más interesantes del circuito post-punk local.
Bajos al frente, guitarras filosas y dramatismo oscuro: el ADN del post-punk sigue reapareciendo generación tras generación dentro del rock argentino. Pero entre las bandas que retomaron esa tradición en los últimos años, pocas construyeron un universo tan reconocible como Sakatumba. Tomando elementos del rock gótico, el post-punk clásico y hasta el indie más contemporáneo, el grupo fue armando lentamente un mundo propio que empezó a crecer fuerte en el circuito porteño tras la salida de Puro teatro en 2023.
Por eso su primer Niceto el sábado no se sintió como una fecha más. Había algo de pequeña consagración en el aire: una banda que pasó de tocar para el nicho más devoto del under a llenar uno de los venues más emblemáticos del rock alternativo local sin abandonar su identidad en el proceso.
Un Niceto que se sintió como celebración de lo logrado. Tras una espera armonizada por clásicos de Oktubre —las referencias no se ocultan— comenzó la presentación: un repaso exhaustivo, aunque nunca agotador, por la discografía de Sakatumba. Veintitrés temas, acústicos, estrenos y una noche para el recuerdo.

El puntapié inicial llegó con “Trepan los esclavos”, marcando el pulso de la noche desde sus riffs en bucle y su espíritu gótico. Lo siguió de inmediato el primer gran momento, que no se hacía esperar: “Lo-cura”, con su irresistible estribillo y una agilidad mayor que en su versión de estudio, desató los primeros pogos del show.
Para “Te voy a volver a ver” apareció finalmente el elemento que hasta entonces faltaba: el saxo, pieza clave para terminar de completar el sonido de la banda. Ahora sí en formación completa —guitarra, bajo, saxo, teclados y batería—, Sakatumba pudo entregarse a recorrer los distintos costados de su propuesta neogótica. Desde el sonido angular de “Nada más” hasta los tintes jangle de “En peligro estás” y el dramatismo de “Habla sola”, con sus melodías teatrales de teclado, el show encontró espacio tanto para la adrenalina como para las atmósferas y la intimidad.
Pero más allá del recorrido por la discografía, el recital también vivió de sus desvíos del libreto. A propósito del cumpleaños de Octavio Báez, tecladista de la banda, una torta con velita apareció sobre el escenario para que el público le cantara al homenajeado. Un pequeño festejo dentro de otro mucho más grande: el primer Niceto de Sakatumba.

Ese clima celebratorio también dejó lugar para otras sorpresas. Por un lado, el estreno de “Hombre plateado”, nueva canción con voces del propio Báez. Por otro, un doblete de versiones acústicas que desnudó el sonido del grupo hasta sus elementos esenciales: “Descontrol” y “Ultravioleta”, esta última comenzando apenas sostenida por teclados y viola acústica antes de crecer progresivamente hasta explotar a banda completa.
El repaso exhaustivo también permitió que Sakatumba no tuviera que dejar joyitas afuera. Además de festejar los últimos singles y los cortes de Una vez iniciado el fuego (2024), el público recibió con especial entusiasmo a varios temas de Puro teatro, el disco que ayudó a ponerlos en el mapa en 2023.

Fue así como las voces del público se unieron a la de Renata Bade, guitarrista y vocalista, durante la balada dream pop “Corazón”, mientras que el pogo explotó con “Ropa equivocada”, un ataque de post-punk furioso donde Marcos Bellotti, bajista del grupo, asumió el rol de crooner poseído mientras le imprimía un aire amenazante a cada línea de bajo.
Y es que si algo fortalece la propuesta de Sakatumba es justamente la variedad de recursos que maneja. Tres integrantes cantando y aportando personalidades distintas. El saxo y los teclados expandiendo constantemente el sonido más allá de la clásica dominancia de guitarra y bajo. La capacidad de pasar de la urgencia al dramatismo sin perder identidad en el camino.

El final no podía encontrarlos de otra forma que no fuera unidos. “No te vuelvas a sentir mal” apareció en los bises con un cierre instrumental extendido, permitiendo que cada integrante sumara su parte a una despedida cargada de épica.
El primer Niceto de Sakatumba se sintió menos como una meta alcanzada que como el comienzo de otra etapa. Una banda que hace rato dejó de prometer para convertirse en presente.

