
Juana Molina en el Konex: la vanguardia es así
La artista presentó DOGA en la Sala de las Columnas con su espectáculo alucinante y rupturista.
Mientras la tormenta amagaba con descargarse contra Buenos Aires, el miércoles por la noche, en el corazón lúgubre y caliente de Once, Juana Molina presentó DOGA (2025), en la Ciudad Cultural Konex con un show alucinante y rupturista.
La Sala de las Columnas funcionó como refugio de emergencia ante la inminente lluvia que nunca llegó. Cerca de las ocho de la noche, el espacio se llenó hasta rebalsar, con un público en movimiento que buscaba puntos estratégicos para poder ver a Juana entre los pilares de hormigón. La artista apareció en el escenario acompañada por Diego López de Arcaute en batería, y rodeada por su arsenal electrónico de pedaleras, samplers y sintetizadores.

Desde el inicio del show con “Uno es Árbol” y “Cara de espejo”, Juana transformó a la Sala de las Columnas en un laboratorio, manipulando sus distintos elementos con una sensibilidad agudísima. Molina fue, de a poco, conquistando el espacio sonoro de la noche con confianza de baqueana.
Así, las canciones fueron tomando forma en sus manos, mientras el público admiraba con hipnótica fascinación las capas de sonidos que Juana iba superponiendo una tras otra hasta el estallido en estribillos breves.

El tramo final concentró la mayor intensidad del show. El dúo encadenó “Cosoco” y “Un día punk” antes de cerrar con “Miro todo”, donde las guitarras sampleadas y las voces superpuestas explotaron, borrando los límites de la sala.
La vanguardia es así, te conmueve y también te descoloca. Hay artistas cuya cruz es un hambre voraz, una curiosidad que los obliga a abrirse camino en el monte a fuerza de instinto. Juana Molina transita ese caminito al costado del mundo, creando, destruyendo y volviendo a crear en un ciclo perpetuo donde la búsqueda artística no es el medio, sino el único destino.
