
Dante Saulino: el scouting del pop
En un nuevo capítulo de Lado B, hablamos con Dante Saulino, productor y músico que estuvo involucrado en algunos de los proyectos pop más destacados de la escena actual. En la entrevista contó cómo fueron sus inicios en la música, su conexión con Blair y cómo fue trabajar en proyectos nuevos como los de Homogénica y BB Asul.
Criado en una casa de artistas, toca desde los trece años, pasó doce estudiando en el conservatorio y hoy se convirtió en uno de los productores referentes de la escena indie actual. Esas son algunas de las muchas aristas que hay que mencionar para describir a Dante Saulino: fiel coequiper desde el primer día con Blair, gran partícipe de Post Pop de Homogénica y un convencido del pop argentino.
Desde Saulino Music, su estudio personal, Saulino contó cómo fueron sus inicios en la música, la unión con Blair a través de un amigo de Twitter y su rol como productor en el disco debut de Homogénica. Además, habló sobre cómo es venir de una familia de artistas y qué tiene que aportarle a un músico desde su rol de productor.

– ¿Cuándo iniciaste con la música?
Yo empecé a tocar a los 13 años, guitarra. Me picó de golpe, porque vengo de familia de músicos. Mi papá es músico profesional desde siempre y crecí con instrumentos alrededor, con un estudio arriba de mi cuarto, pero nunca me interesó la música de chiquito.
Y de golpe, en la adolescencia, empecé a tocar. Autodidacta. Le pedía acordes a mi viejo, que algo tocaba también, y fui aprendiendo y tocando. A los 16 o 17 me metí en el conservatorio para estudiar en paralelo. Ahí ya empezaba a hacer laburitos, a tener bandas. Me escapaba de gimnasia para ir a ensayar o para dar alguna clase, y con eso pagar el ensayo de la banda. Y a los 18 ya le di con todo.
– ¿Te acordás de cuáles eran las primeras bandas que tuviste? ¿Eran de covers?
Sí, tardé mucho en hacer temas propios. Tocábamos para joder temas de lo que sea, tenía una banda con mi hermano, amigos… hacíamos Arctic Monkeys, Charly. No era una banda tributo para laburar, ¿viste? Era medio por diversión.
Pero estuvo buenísimo, fue muy formativo. Sacábamos un montón de temas, como cuando sos chico y tenés tiempo: ponés un disco y lo sacás entero, acordes, arreglos, audios. Fue un acercamiento muy divertido a la música. En paralelo también estaba todo el laburo de estudio y de empezar a hacer música para tele, que es algo que hice y sigo haciendo un poco.
– ¿Jingles?
Sí, publicidad. Hice muchas cortinas de televisión. Lo hacíamos con mi viejo. Él hizo mucha música para policiales en los noventa, después tele de cable, y cuando yo entré empezamos a hacer más tele de aire: Telefe, El Trece, Canal 9, incluso cosas para Netflix.
– ¿Hiciste películas con tu viejo también?
Colaboré, sí. Desde hace unos diez años él hace mucho cine independiente de Estados Unidos, Inglaterra, India, y de golpe me da lugar para meter algunas cosas. Lo hacemos por gusto, realmente.
– ¿Y cuándo encontraste la veta de producir en lugar de tocar?
Habrá sido a los 20 o 22 años. Hubo un momento en que me harté de las bandas… o no me harté, porque era muy divertido, pero era mucho sacrificio: cargar cosas, ir a tocar a lugares donde no iba nadie, ponerse de acuerdo entre muchas personas…
Y por otro lado estaba el laburo de estudio, donde no tenés que consultar con tanta gente, más allá del artista. Sentía que creativamente era más libre y más fructífero. Entonces me aboqué a full a producir.
– ¿Te acordás cuál fue tu primera producción?
Seguramente algún amigo. Empecé produciendo amigos que querían hacer música. Justo coincidió con el boom del indie y el trap acá. Yo no empecé como asistente en estudio grabando bandas, sino directamente en un momento donde muchos artistas decían “che, con una computadora puedo hacer un tema entero”.
Era la era de Spotify también, y empezó a haber un florecimiento de música por todos lados: el indie mendocino, el trap, el Quinto Escalón… todo el mundo quería hacer música. Tenía amigos que no tenían nada que ver y de golpe querían hacer temas.
– Te quiero preguntar por Blair, por cómo llegó a tu vida…
Es muy gracioso, porque hubo un efecto mariposa. Nos conocimos por un amigo en común de Twitter, de Tierra del Fuego.
Yo no estaba en Twitter. En la pandemia me quedo sin sesiones y sin shows, y con mi novia vemos qué hacer. Empiezo a hacer mashups en TikTok, uno se hace viral, pasa a Twitter, y ahí empiezo a conocer una comunidad de productores.
Me hice amigo de un chico que después fue mi asistente, y un día me dice: “tengo una amiga que quiere hacer un disco más indie, creo que se van a llevar bien”. Esa era Juli. Después perdimos contacto con ese pibe, como que apareció para juntarnos y se fue.
– ¿Cómo surge el primer disco que produjeron juntos?
Cuando nos conocimos pasó algo loco: los dos veníamos haciendo música que no nos terminaba de gustar. Para mí era trabajo y ella estaba probando cosas más urbanas.
Cuando me plantea hacer un disco más en plan Olivia Rodrigo, dije “esto me encanta”. Trabajamos a distancia unos meses porque ella vivía en Punta Alta. Yo le mandaba ideas, pensando que me iba a devolver canciones completas.
Apilamos ideas y cuando vino a Buenos Aires trajo letras, pero no melodías. Tenía un cuaderno lleno. Teníamos re poco tiempo, así que empecé a musicalizar esas letras, y ella después escribía sobre mi música. Se empezó a mezclar todo. En una semana hicimos todo el disco, laburando súper intensamente. Fue muy intuitivo, muy de conocernos en el proceso.
– Por lo que me contabas, medio que la adoptaron en tu casa…
Un poco sí (risas). Vivió intermitentemente un año conmigo y con Sofi (su pareja). No había plata, no había sello, no había nada. Venía cada tanto y se quedaba en casa, y aprovechábamos ese tiempo para grabar, ensayar, hacer shows, notas… porque después volvía y todo era virtual.
– Cuando salió el disco, ¿esperabas ese éxito?
No. Yo sabía que era bueno, que era honesto, que nos gustaba. Pero no imaginé que iba a despegar así. De hecho, al principio no pasó nada. Salió, lo escucharon sus fans, pero no fue viral ni nada. Recién después de unos meses empezó a crecer, y cuando hicimos un show en Niceto B y se agotó, dijimos “ok, está pasando algo”. Y de ahí no paró más.
– ¿Cómo fue encarar el segundo disco, ya con expectativas y más gente mirando?
Fue fuerte, porque el primero lo hacés sin presión y el segundo ya tiene gente esperando. Sabíamos que no podíamos repetir la fórmula, así que cambiamos el proceso. Ahí entra Nico Cotton, que aportó muchísimo. Abrir el juego fue clave.
También tener un sello grande atrás es otra historia, pero nos dieron mucha libertad. Nos dijeron: “hagan lo que ustedes crean”. El disco es conceptual, más arriesgado. No sabíamos si tenía un hit, pero sentíamos que era sólido como obra.
– ¿Cómo es compartir producción con otro productor?
Hay que correr el ego. Nico fue el productor principal, yo aporté desde la composición y la visión. Al principio da vértigo abrir algo tan íntimo, pero es una oportunidad enorme. Yo fui con mentalidad de estudiante, y el resultado fue buenísimo.
– También trabajaste con otras bandas como Homogénica… ¿cómo llegás a esos proyectos?
Soy muy fan de la música. Voy a ver shows, descubro bandas. A veces veo algo y lo siento físico: te dan ganas de ser parte. Con ellos fue así: los vi en vivo y dije “esto es de verdad”. Había cosas técnicas para mejorar, pero había algo muy fuerte. Les escribí y empezamos a trabajar.
Y me pasó lo mismo que con Blair: no había una estructura. Ellos casi que un año después firman con Geiser, pero antes realmente eran una banda del under que me gustaba mucho y de la que sentía que tenía muchas ganas de ser parte. Y yo soy mucho de tirar el mensaje.
– ¿Cómo empieza a surgir el concepto de Post Pop?
Ellos ya tenían bastante armado el concepto del disco cuando me conocieron. En el caso de ellos suele pasar, como en los primeros discos de una banda, que un primer álbum suele ser la combinación de las canciones que hiciste en los últimos tres o cuatro años y, en un momento, tenés que condensarlas. Entonces, cuando los conocí, ellos ya venían tocando Plaga, que es su primer EP, y ya tocaban la mitad de Post Pop también. No en sus versiones finales, pero ya los tocaban. Entonces, cuando hablábamos con Lola, ella ya tenía una idea de lo que quería y de que no era lo que venían haciendo en vivo.
Ya desde el principio trabajé sabiendo que cada tema tenía que encajar con el siguiente, y que cuente algo, pero no de una manera tan explícita. En vez de contar algo con palabras, lo podés contar con un arreglo de sintetizadores o con la contraposición de un tema al otro, como por ejemplo cuando termina “Tesoro”, que es uno de los temas más pop del disco, y después le sigue “N.E.N.A. (No entendiste nada, amor)”, que es súper punk. Teníamos que lograr algo cool, pero a la vez kitsch. Y creo que salió bien (risas).
– Hace poco terminaste el disco de BB Asul, ¿qué se puede saber de eso?
Que es increíble (risas). De vuelta tengo esa sensación de tener algo muy especial en las manos y muy distinto a todo lo que hizo Isa. Es un disco que tiene mucho horno: lo empezamos hace dos años y lo terminamos de grabar hace unos días. También se demoró todo porque no empezó como el proyecto de un disco, sino más como un divertimento y ver qué salía entre los dos, porque nos conocíamos hace años, pero nunca habíamos hecho nada. Y la verdad es que fue impresionante el proceso.
Isa tiene un talento que está por las nubes y que te deja la vara muy alta. Tiene una idea global de cómo es el proyecto. Yo obviamente estoy metido en la parte musical, pero ella mientras ya está viendo el todo: cómo tiene que sonar, cómo se tiene que ver en el videoclip y así con todo.
Siento que tenemos algo que le puede llegar a gustar mucho a la gente. Para mí es muy bueno y es totalmente distinto a su disco anterior. Es un álbum que la conecta más con la música con la que creció, que es música más pesada. Por ejemplo, cuando te subías al auto de Isa, arrancaba a sonar Slipknot, pero los temas feos, los que son inescuchables (risas). Así que el disco tiene algo de eso, pero también es muy variado: tiene unas colaboraciones divertidísimas y yo no puedo esperar a que salga.
– Además de este disco, ¿en qué otros proyectos estás laburando?
Bueno, estamos haciendo un disco con Joystick que también ve la luz este año y que también marca un cambio de todo lo que vienen haciendo. Es un álbum muy británico, post pandemia, y se conectaron conmigo para terminar de dar la torcida al estilo que vienen haciendo.
A mí lo que más me gusta de laburar en proyectos así es que vengan y quieran romper lo que ya les funcionó. No sé si me saldría hacer algo que alguien ya hizo, y mejor. En el caso de Joystick, su disco anterior es buenísimo, pero no sé si yo puedo hacer eso mejor. Prefiero que hagamos algo que no tenga nada que ver. También estamos empezando a hacer unas cosas con Benito Cerati después de colaborar en el vivo con él, que también es un ser re especial y talentoso. Igual, como te digo esto, capaz después no sale nada (risas).
– ¿En qué estadio esta tu carrera solista?
La tengo medio en el freezer. Muchos temas los empecé antes de todo esto. Ahora canalizo mucho componiendo para otros, y eso me llena bastante. Pero tengo ganas de sacar cosas. Seguramente algo salga este año.
Me cuesta más porque ahí pongo la cara yo, pero hay que destrabarlo. Y creo que va a ser algo más colectivo, con amigos participando.
– Para cerrar: como productor, ¿qué creés que le tenés que aportar a un artista?
Mejorar lo que ya está. Ver qué tiene de bueno alguien y potenciarlo, no cambiarlo. A veces es intervenir mucho, a veces no tocar nada. El ego tiene que estar controlado, porque si no todos los discos suenan a vos, y tienen que sonar al artista.
Somos un canal para que el artista encuentre su voz. Cuando eso pasa, es algo más grande que todos. Y cuando encontrás un proyecto que te moviliza de verdad, es como enamorarte. Das todo, sin pisarte con el otro, y eso se nota.
