
Benito Cerati: “El arte a veces incomoda y desagrada, y eso también tiene que ser parte de él”
En conversación con Indie Club, Benito Cerati contó cómo decidió dejar atrás Zero Kill y poner su nombre al proyecto, qué le dejaron Viva la Devolución y En el Ciber, y cuál es la búsqueda detrás del próximo disco que cerrará su trilogía.
Benito Cerati lanzó su carrera en 2013 bajo el nombre de Zero Kill y, después de cuatro discos con ese seudónimo, en 2022 publicó Shasei, su primer álbum como solista utilizando su propio nombre. Desde entonces, comenzó a construir un nuevo mundo sonoro que combina ambient, trip hop y dream pop, entre otros géneros. Con Viva la Devolución y En el Ciber, dio inicio a una trilogía que continúa consolidando su identidad artística.
Mientras trabaja en la última entrega de esta trilogía, el artista conversó con Indie Club sobre el proceso creativo de su próximo trabajo de estudio, la búsqueda de una voz propia y la necesidad constante de salir de su zona de confort. Además, adelantó qué se podrá ver en su próximo show en Maquinal, el 24 de octubre, donde despedirá En el Ciber y repasará toda su discografía.
– Lo primero que quería preguntarte es cómo fue la decisión de dejar Zero Kill y empezar a poner tu nombre en el proyecto.
La respuesta verdadera es que era más fácil de comunicar. Siempre me preguntaban si era un proyecto de una banda, si era un colectivo… Era algo muy difícil de explicar. Además, el nombre estaba en inglés y, si bien no tenía temas en inglés, en los álbumes todo estaba mucho más nacionalizado.
Cuando empecé a hacer cosas nuevas, aparecieron un montón de inspiraciones muy de acá. También surgió la idea de hacer un disco entero en castellano y sentía que eso era lo que quería hacer de ahí en más.
Justo fue durante la cuarentena, que fue un quiebre para todos. No sé si nuestros objetivos murieron y empezaron otros, o si cambiaron, mutaron… En mi caso no fue la excepción. Empecé a llamarme por mi nombre, pero el camino realmente fue el mismo. Todo es parte de mí y, de hecho, sigo tocando con la gente de Zero Kill. El baterista de estos shows, por ejemplo, tocaba conmigo desde 2016 y siempre fue el baterista de la banda. Simplemente fue una decisión comunicativa, pero también tuvo que ver con sentir que estaba listo para mostrar ciertas cosas que antes podía ocultar o dejar más entre bambalinas.
– Te libera un poco, digamos.
Sí. También sentí que podía experimentar un poco menos. Ahora siento que ya puedo hacer un producto terminado. Igual, todo sigue evolucionando.
Fue un momento que también vino acompañado de un quiebre: decir “Yo quiero ser cantante”. Antes estaba más enfocado en la banda, en hacer cosas locas, pasajes instrumentales… Era algo más de estudio, más técnico. Mi idea era hacer cosas que me desafiaran, que me hicieran ruido; canciones que nadie más estuviera haciendo.
– También hay algo un poco juvenil en esa búsqueda, ¿no?
Sí. Empecé a ir a clases de canto muy metódicamente y me empezaron a pasar muchas cosas con mi voz. Recibí mucho reconocimiento de gente muy grosa, de cantantes que yo admiro. Empecé a sentir que había una validación, pero no se trataba solo de eso: yo también estaba más cómodo y eso se veía desde afuera.
Entonces dije: “Ah, está bien, el mundo me estaba devolviendo un poco lo mismo que yo empezaba a sentir”. Y eso era bueno. También había una cuestión de pensar que, en una banda, todos hacemos cosas, pero a mí me gustaba más cantar. A partir de ahí empecé a perfeccionar esa parte.
– Aunque te adentraste en el mundo de la canción, me gusta que no hayas perdido lo alternativo.
No, no lo voy a perder nunca. Por ahí son resabios de cosas que me van a acompañar toda la vida. Cuando algo me resulta demasiado fácil, no me gusta tanto. Tiene que desafiarme un poco, que tengo que encontrarle algo que me haga decir: “Mirá lo que hice acá”. Trato de romper un poco con eso.
– En En el Ciber escucho mezclas de un montón de géneros, así que encasillarte es imposible. Pero sos de los pocos que trabajan con el trip hop dentro de la música nacional. No encuentro una escena muy grande acá alrededor de ese género.
Lo que me pasa con los géneros es que me pueden gustar ciertas cosas, pero después, cuando estoy armando el disco, no necesariamente quiero hacer un álbum entero de ese estilo. En el proceso aparecen otras cosas, otras fascinaciones. Entonces, algo que inicialmente iba a tener una determinada base termina incluyendo un montón de elementos más.
Me gusta mucho el trip hop, pero tampoco te diría que mis discos son cien por ciento eso. Son una mezcolanza. En algunos temas puede ser lo primero que escuchás, pero también hay dream pop y otras cosas. A veces se vuelve medio oscuro y pesado, y en otros momentos es muy luminoso. Va un poco por todos lados.
Ahora mi desafío es hacer un disco más homogéneo. Quiero que tenga una identidad más clara, que sea más fácil de catalogar. Siempre me resultó difícil responder cuál es mi fortaleza en la música. Quiero que se entienda mejor qué hago, cómo canto y qué lugar ocupo.
– La etiqueta también sirve para comunicar, no necesariamente para definir tu música. Después vos hacés lo que querés.
Totalmente. Hay mucha gente que por ahí nunca me escucha, y tener algo más concreto puede ayudar. También está el tema de las categorías de los premios: que sepan en qué terna ponerte. Cuando me nominan, pienso: “Bueno, gracias”, obviamente. Está buenísimo, pero a veces también me pasa que no sé si encajo del todo en esa categoría. Ese es parte del desafío de ahora: ya vengo comunicando quién soy y qué cosas me gustan, y la gente que me sigue entiende bastante mis valores. Quiero llevar todo eso un poco más adelante y hacerlo más claro.
– En el contenido que hacés en redes, me gustó mucho lo que hiciste con Demon Days, de Gorillaz. ¿Con tus discos reviviste un poco esa influencia de los 2000?
Soy un chico muy de las redes, obviamente, y a veces me da mucha nostalgia. Veo que le pasa a mucha gente, por eso algunas cosas se vuelven virales. Hay personas que manipulan los gráficos de la PlayStation y hacen cosas con eso, les ponen música medio Need for Speed y todo ese tipo de cosas. A mí me da una nostalgia tremenda.
Muchas de esas cosas las viví; otras no. Pero, por ejemplo, era un momento especial cuando iba a la casa de mi primo y veíamos esos gráficos, esa música… Por eso también decidí hacer algo visualmente muy de esa época. Eso se comunicó bastante bien. Hicimos un montón de cosas muy piolas con esa estética. También hablamos de la tecnología, de sus ventajas y de sus peligros. Hicimos un documental basado más o menos en eso.
No es que hayamos inventado algo novedoso, pero me interesaba la idea de decirme a mí mismo: “Che, salí también al mundo exterior”. Hay tanta noticia y tanta crueldad todo el tiempo que está bueno hacer un disco que no necesariamente hable de eso. Las canciones son sobre amor y otras cosas. No es un disco conceptual sobre la tecnología, aunque sí fue algo que me disparó ideas para generar esas canciones.
– Ya que hablamos de En el Ciber, me da curiosidad tu opinión sobre la inteligencia artificial, no tanto en general, sino dentro del ambiente artístico.
Me parece que todo puede ser una herramienta. La pólvora también fue una herramienta, aunque después podés usarla para hacer otras cosas. Todo tiene sus virtudes y sus peligros; depende de cómo lo uses. A esta altura, quien diga que nunca usó la inteligencia artificial ni siquiera para hacer una pregunta te está mintiendo. Todo el mundo la usa para algo, aunque sea para saber cuánta harina ponerle a una torta. Antes de eso estaba Google. Me parece que son formas distintas de hacer las cosas.
Obviamente, el impacto ambiental y el consumo de agua son preocupantes. Pero, conceptualmente, hay límites y también formas creativas de usar estas herramientas. Hay usos que me parecen creativos y otros que son una manera de no querer hacer tu trabajo. Hay productores que hacen canciones enteras con inteligencia artificial y pienso que no hay nada más lindo que crear una canción. Te salteás el paso más hermoso: ver cómo va apareciendo. Es como si no te gustara trabajar. Además, lo más divertido es sentarte frente a un instrumento y empezar a probar cosas.
Por ejemplo, una vez tenía una progresión de acordes, pero no terminaba de cerrar la idea. Quería un acorde que generara tensión, que se saliera de lo habitual. Entonces le pregunté a la inteligencia artificial qué podía meter ahí. Le expliqué cómo venía la progresión, que quería que se rompiera un poco en esa parte y después volviera. Me sugirió algunos acordes y hubo cosas que no se me habían ocurrido. Después ves si funcionan o si te tira cualquier fruta, pero también te recomienda acordes que podés probar y grabar.
Ya había aplicaciones que hacían cosas parecidas. En ese sentido, me parece que está bueno usar estas herramientas para disparar la creatividad.
– Desde que sacaste Viva la Devolución, ¿ya habías pensado estos discos como una trilogía o se fue dando?
Se fue dando porque hice muchas canciones. Mi idea era que esto tardara su tiempo en salir, pero las primeras canciones tuvieron una devolución y se terminaron bastante rápido. Entonces las saqué primero porque pensé: “Bueno, tenemos algo para mostrar”.
Viva la Devolución es como un EP; dura unos veinte minutos. Al principio mi idea era sacar dos EPs y después el disco, pero me dijeron que los EPs se pierden y que nadie les da bola. Así que terminé catalogándolo como disco. Lo más importante de la trilogía, para mí, es la tercera parte, que todavía no saqué.
– ¿Cómo venís con eso? ¿Conceptualmente sigue atado a lo anterior o pegaste un volantazo?
Bien, muy bien. Es un refinamiento de un montón de cosas. Es un disco mucho más cohesivo, menos exploratorio. Las canciones tienen un propósito de estar ahí y que son más uniformes.
También es un disco más tranquilo, no tan frenético. En el Ciber está cargado de BPM. Hay una parte medio electrónica al principio y después se vuelve más orgánico. El desafío fue generar con menos programaciones el mismo clima que había conseguido con máquinas: dividir el disco entre una parte electrónica y otra acústica, pero que ambas generen el mismo viaje.
– ¿Tenés alguna fecha en mente o preferís no apurarte?
No quiero apurarme. Quiero hacer un disco en el que no haya ninguna bala que mi cabeza pueda meterme, porque soy el primero que lo escucha y dice: “Esto está mal”Realmente quiero tomarme el tiempo para hacer el disco que quiero hacer, aunque eso me lleve un año más.
No quiero mirar atrás y pensar por qué no ajusté algo que ya sabía que tenía que ajustar. Eso pasa a veces con los discos. Por eso siento que está bueno no apurarse.
– Es como pensar siempre que estás haciendo tu primer disco.
Un poco sí. Esa forma está buena porque le das la importancia del debut a lo que viene, en vez de pensar en lo que sigue como una presión extra. Es como volver a presentarte todo el tiempo, y eso está bueno.
– También está el proceso de saber soltar: decir “Bueno, no toco más las canciones”.
Cuando estábamos grabando el segundo disco de Zero Kill y ya lo estábamos terminando, Tweety González me dijo: “Los discos no se terminan, se abandonan”. Y pensé que tenía razón. Lo que te queda en el tintero lo usás para el próximo; lo que aprendiste lo ponés en lo siguiente que hagas. Así fue la evolución, y creo que le pasa a todo el mundo.
– Desde que te lanzaste con tu nombre en todos tus discos trabajás con cuerdas. ¿Qué encontras en ese recurso?
Sí, es verdad. Siempre tuvieron más o menos protagonismo, pero hay algo de la atmósfera que me interesa mucho. El otro día hablaba de esto con mi profesor de canto: soy muy lánguido. En general, me gustan las cosas lánguidas. Disfruto mucho del groove, me encanta escuchar funk y blues, pero yo soy fan de algo más plano por decirlo así. Las cuerdas me proporcionan eso, igual que los pads y las guitarras con reverb.
Me gustan las melodías de dos notas que se estiran. Soy muy David Gilmour en ese sentido. El feeling y las cosas rápidas me gustan para bailarlas; valoro muchísimo ese despliegue, pero, a la hora de hacer mi música, conecto más con el vuelo, con la atmósfera, a veces incluso más que con las canciones.
También me gustan ciertas progresiones que funcionan como un loop, acordes que van y vienen y no necesitan cambiar para generar algo. Me gustan los shows en los que pasa más o menos lo mismo todo el tiempo, porque te envuelven y de repente sentís que pasaron tres horas o cinco minutos. Te llevan a otro tiempo. Eso es lo que me gusta de las cuerdas: esa cosa lánguida a la que recurro mucho.
– Ahí conectás también con tu lado ambient, ¿no? Está presente en tus discos.
Sí, creo que sí. Tengo ganas de ir full ambient. A veces siento que no necesito tener un tema arriba para cortar un poco, y eso me pasa con algunas de las cosas que hago. A veces siento que tengo que hacer concesiones, pero para este disco no quiero hacer ninguna.
– ¿Esas concesiones dependen de vos o tienen que ver con la industria, con tener que incluir determinados temas?
Por suerte, con las discográficas no tengo ese problema. No tengo un nicho tan definido y siempre me dijeron que hiciera las cosas que quiera. Tenemos una buena relación en ese sentido.
Es más una cuestión de preguntarme qué está esperando la gente. A veces entra ese mundo de las expectativas. El otro día vi un video de Bowie en el que decía que, cuando empezás a hacer música para la gente, cagaste. Pero es fácil decirlo y difícil llevarlo a la práctica. Hay gente que te sigue de determinada manera y espera que hagas algo.
Lo que estoy haciendo ahora es un poco una introducción. Es como decir: “No sé, yo quiero hacer esto”. Está bien plantar un poco tus valores.
– Ahora estás por despedir En el Ciber. ¿Qué te dejó el disco después de todo este tiempo?
Para mí fue muy importante que saliera después de Viva la Devolución, que era un disco mucho más compacto, con canciones quizás más fáciles. La gente que me sigue me pide esas canciones. En el Ciber, en cambio, es más como un lado B, en el sentido de que es más loco.
Me pasó algo curioso: la gente que escucha más desde afuera a veces me dice que En el Ciber es más raro, mientras que la gente de la música y del ambiente me decía lo contrario, que era mejor que el anterior. Recibí mucha buena onda de músicos y de gente de la industria. Yo sabía que podía pasar porque deliberadamente hice un álbum menos rockero, con otras búsquedas.
También tiene temas que son como un dueto conmigo mismo. Hay canciones muy bailables y otras en las que estoy experimentando con el baile. Lo disfruto un montón y me llevo canciones hermosas que me encantan.
– En tus últimos discos trabajaste con Estanislao López, que parece haberse convertido en una especie de mano derecha. ¿Qué encontrás en él?
Hay algo muy especial en cómo hace sonar las cosas. No solamente en el estudio, sino también en vivo. Es impresionante cómo puede resolver el sonido de un show y encontrar el lugar de cada elemento.
Para mí es un gran creador, pero también un gran audiófilo. Es muy zarpado cómo hace sonar las cosas. Puede trabajar con algo más punk, donde el desorden es parte del estilo, pero también es muy bueno haciendo cosas de alta fidelidad. Conmigo a veces tiene que trabajar con un show en el que hay doce personas tocando, y es difícil encontrar la frecuencia de cada cosa.
Yo soy muy maximalista: meto muchas cosas. A veces tienen que estar ahí al lado, cortándome un poco. Con Viva la Devolución y En el Ciber me mandé a hacer muchas cosas solo, y también descubrí el placer del silencio y de los espacios. Aprendí mucho de ese trabajo.
– ¿Te sentís con ganas de seguir produciendo tus discos o te gustaría trabajar con alguien más?
Necesitaba hacerlo para ver cómo era. Me gustó, pero ahora esta parte va a necesitar otras miradas, también desde la composición. Me gustaría empezar a trabajar con otra gente, sobre todo en temas de melodías, y ver qué pasa cuando aparecen ideas externas que nunca probé. Puede ser un lugar interesante para salir un poco de mí mismo.
Justo estos días me junté mucho con Odd Mami. Ella sacó un disco hace un tiempo que me gusta mucho, en el que pegó un volantazo y empezó a hacer algo con una sonoridad más noventosa. Tiene otro perfil y otro público, pero siento que escuchamos cosas parecidas. Nos pusimos a escuchar música y a crear cosas, y me encantó poder decirle: “A ver, ¿qué se te ocurre?”. Trabajar con otra persona te da otra perspectiva. El camino de esta nueva etapa puede ir un poco por ahí.
– También quería preguntarte si te resulta fácil abrirte a la nueva escena, porque vos ya no sos un artista emergente o nuevo.
A mí me gusta mucho lo que está pasando. Odd Mami tiene un público quizá más joven, pero está bueno que haga algo que mezcla lo que ese público quiere escuchar y lo que le resulta accesible con una propuesta que tiene calidad. A veces puedo lograr algo parecido, pero quizá me falta encontrar esa conexión, hacer algo que se entienda como: “Bueno, esto es esto”. Por eso también me junté con ella: porque es mucho más directa. Veo todo lo que está pasando y hay cosas que genuinamente me gustan.
Cuando apareció toda esa gente, como Juana Rozas, me pareció muy piola que existiera algo así. Yo no tuve una adolescencia en la que pasaran cosas tan raras. En los años 2010s había un pop indie que estaba bueno, pero era más arregladito, más cuidado, más clean. Ahora ves a alguien salir manchado de sangre, con un diente menos, o hacer algo que rompe con esa imagen prolija. Está bueno borrar un poco el filtro de Instagram y animarse a hacer cosas incómodas. El arte a veces incomoda y desagrada, y eso también tiene que ser parte de él.
Que artistas con esa búsqueda lleguen al mainstream está buenísimo. Significa que hay gente que necesita romper con lo que ve todo el día, con algo tan cuidado, editado y plástico.
– A veces parece que, en una escena tan plástica, hacen falta artistas disruptivos, gente a la que le importe hacer lo que quiere sin preocuparse tanto por el resto.
Sí, aunque también tiene que haber un orden. No podés ser desprolijo porque sí. No alcanza con decir: “Bueno, todo esto es un asco”. La pregunta es qué hace que eso sea atractivo. Para mí, esa es la diferencia.
En el Ciber está muy bien hecho, pero tiene algo desprolijo en el buen sentido: en las estructuras, en las elecciones armónicas, en ciertas decisiones. Los videos también tienen una estética particular, aunque son variados.
– No hablaba tanto de lo sucio, sino de la autenticidad. Escucho tus discos y me parecen auténticos, más allá de que a uno le gusten más o menos. Eso es algo que hoy se valora mucho.
Sí, es cierto. Toda la vida me dijeron que nadie hace lo que yo hago, y me encanta que me digan eso.
Me acuerdo de una reseña de un disco emo que me gustaba mucho, de los 2000s, que decía que una banda no era la mejor en lo que hacía porque fuera la mejor técnicamente, sino porque era la única que lo hacía. Me gusta pensar en mí de esa manera: soy el mejor siendo yo.
– A la hora de comunicar quién sos, ahí aparece otra dificultad. Hay artistas que logran enganchar al público porque pueden decir: “Esto soy yo y te lo voy a mostrar de esta manera para que lo entiendas y te sumes”.
Sí, esa parte es muy importante. Si te quedás solamente en “soy así y listo”, está buenísimo, pero, ¿qué más? También importa el carisma, la manera en que imponés lo que hacés. Durante casi toda mi vida fui más de hacer música porque me gusta, porque me encanta escucharla y crearla. Me encanta que haya gente que la escuche, la aprecie, me mande mensajes y venga a verme. Todo eso me hace muy feliz, pero nunca fui una persona que tuviera grandes ínfulas de querer subir y llegar a determinado lugar.
Siempre fui más tranquilo y estuve atento a mis vulnerabilidades y fortalezas. Me cuesta pensar en mí como si fuera un experto en algo. Soy una persona bastante normal; si yo puedo hacer algo, también podría hacerlo cualquier otra persona. No tengo esa sensación de que me merezca estar en determinado lugar. No tengo ese hambre.
Intento vivir de lo que hago lo mejor posible. Es un rubro difícil, pero, desde que soy adulto, tengo proyectos, los saco adelante y también busco trabajos por fuera. Esa siempre fue mi meta. Valoro mucho mi vida personal y mis propios objetivos. Para mí, la vida es todo lo que me pasa.
Que después vayas a un show y haya cinco hileras de personas cantando canciones que hiciste hace cinco meses es un agregado muy positivo. Todo el mundo que hace música vive algo de eso, pero yo a veces pienso: “Guau, realmente no esperaba esto”. Hay gente que arma una banda queriendo ser famosa, queriendo romperla, queriendo ser la mejor. Cuando me pasa a mí, en cambio, pienso: “Ah, bueno, gracias”.
– Y es lindo que, después de tantos años, siga apareciendo esa sorpresa. Podrías acostumbrarte, que tampoco tendría nada de malo, pero está bueno que te siga movilizando.
Sí. Pasa mucho con el arte: cuando llevás un tiempo en la escena, cuando sos una novedad o formás parte de un movimiento, la gente se acostumbra. Entonces, de repente, aparece otro show y es como: “Bueno, otro show más”. Por eso es importante volver a presentarte y generar una comunidad.
– Claro, porque el proyecto también se construye con las canciones, los shows y las decisiones que tomás. Es un malabar entre tener en cuenta a esa comunidad y hacer lo que te nace.
Sí, pero cuando comunicás algo con seguridad, se transmite. La gente se lo cree y termina sintiéndose parte. No tiene que ver necesariamente con lo técnico. Hay artistas que no son los mejores cantantes ni los mejores músicos y, sin embargo, tienen una canción que puede estar incluso mal grabada, pero que genera fanatismo. Después hay otros que tienen mucha técnica, pero a los que les falta alma. Es todo muy relativo.
A mí me divierte observar esas cosas de la vida. No creo que haya una respuesta única. Lo importante es estar seguro de que ese es el camino que querés seguir. Quizá haya gente que diga que no es lo suyo, pero también va a haber otra a la que sí le interese. Y, si es la gente correcta, está buenísimo.
– Este año, cada vez que hablo con un artista, me gusta preguntarle por lo difícil que es vivir del arte. ¿Cómo venís atravesando esta situación? Parece que el problema de la venta de entradas y de conseguir plata para producir discos se volvió crónico.
Es difícil. Por lo menos, fueron un par de años complicados para todo lo cultural. Tengo muchos amigos que trabajan en otras áreas y también la están pasando mal. Hay muchos factores que hacen que sea muy difícil vivir de lo que uno hace, incluso para quienes trabajan con artistas internacionales.
Por un lado, está buenísimo que vengan tantos artistas internacionales. Pero, por otro, mucha gente compra la entrada para el artista internacional de turno y después no le queda plata para los shows locales a los que quizá también habría querido ir. En una economía en la que la mayoría pudiera vivir bien, el alcance de esos conciertos no sería un problema. Pero no estamos en ese momento, y eso genera una contradicción.
Es difícil para la gente que trabaja acá. Y no creo que sea solamente un problema de los artistas chicos. También hay artistas grandes y reconocidos que están teniendo dificultades y tienen que achicar sus shows.
– Sí, parece que está pasando en todos los niveles, aunque los artistas más chicos lo sufren todavía más.
Sí, está pasando. Podemos debatir por qué, pero siento que es real. En lo personal, por suerte, estoy atravesando un momento que es mejor que el del año pasado. El año pasado fue terrible.
En esos momentos uno empieza a pensar: “Se me pasó el tren, nadie me quiere”. Pero después te das cuenta de que todo el mundo está mal. Ves cosas que pensás que tendrían que explotar en las redes, o artistas que tienen un montón de seguidores y escuchas en Spotify, y después van cincuenta personas a verlos. Es extraño.
– También parece que nos estamos moviendo menos, como si el entretenimiento pasara cada vez más por quedarse en la cama y mirar una pantalla.
Estaría bueno revertirlo, no porque sea mi rubro, sino porque está bueno salir a ver cosas. Está bueno ir al cine y no ver todo en un televisor inteligente.
También parece que las generaciones más jóvenes están más acostumbradas a quedarse en casa que a ir a un show en vivo. Habría que preguntarles qué les pasa. Quizá ir a ver a un youtuber al Movistar Arena sí sea un plan, pero no sé si ir a ver una banda lo es, salvo que se trate de alguien como Sabrina Carpenter. No sé muy bien qué motiva hoy a los jóvenes a salir.
– A mí me da cosa hacer ese análisis porque uno puede pensar: “Qué viejo me estoy volviendo”. Pero sí parece que a la gente joven le da más fiaca salir.
Me cuesta generalizar, porque, cuando pasó lo de “Ecos”, había un montón de chicos de doce o trece años. También recibo muchos mensajes de gente joven en Instagram. No sé si uno está metido en un microclima, pero siempre va a haber público. El tema es que cada día cuesta más mantener la atención. Algo te fanatiza un día y al siguiente ya te olvidaste. Pasa también con los discos y con la gente que se vuelve famosa durante tres minutos, como decía Warhol. Un día te hacés viral por un video y al otro ya nadie se acuerda de quién sos.
Creo que ese es el verdadero problema: mantener la atención. Son los tiempos que vivimos y no sé cómo se soluciona. Si tuviera la respuesta, ya te la estaría dando, pero me parece que nadie la tiene del todo clara.
– Estás por despedir tu último disco en Maquinal. ¿Además de eso, vas a repasar toda tu discografía?
Voy a tocar bastante de Zero Kill. Casi la mitad del show. Rescato muchas cosas de esa etapa y me doy cuenta de que ya estaba haciendo cosas que apuntaban hacia donde estoy yendo ahora.
También vamos a tocar varios temas de Lapsus, que es uno de los discos más góticos. Para mí es el mejor que hicimos. Es un disco buenísimo, pero salió durante la cuarentena y nunca pude tocarlo en vivo. Después se disolvió el proyecto y no tuvo una presentación oficial. Siempre me quedó esa sensación de que era un disco trunco, así que me gusta recuperarlo y mostrar canciones que quizá la gente no llegó a escuchar en vivo.
– Entonces, para los fans, es un show para aprovechar, porque después quizá te guardes un poco.
Creo que sí. No sé si voy a volver a tocar tan pronto, porque ahora quiero dedicarme a las canciones y hacer algo que tengo en la cabeza. No sé cuánto tiempo puede llevar, pero no me gusta hacer shows de transición. Prefiero esperar hasta tener claro cómo quiero tocar las canciones.
– ¿Vas a adelantar algo nuevo en el show? ¿Habrá alguna sorpresa?
Sí, hay algunas sorpresas. Tengo una cosa que ya sé cómo quiero que sea, aunque no sé si va a terminar siendo un corte o algo así. Es algo que me gusta y que funciona bien en vivo. Y sé que va a estar en los próximos shows, eso seguro.
