
Festival Bandera 2026: una lluvia de canciones acaparó Rosario
La séptima edición del Festival Bandera volvió a demostrar que el pulso del rock y de la cultura indie no teme a las inclemencias del tiempo.
Este sábado 24 de octubre, en la nueva sede del Parque Estación Central Córdoba, miles de personas se congregaron desde las 14:30 para empezar a vivir el Festival Bandera 2026 en una jornada épica que se extendió hasta la madrugada del domingo. Distribuido en cuatro escenarios simultáneos, el evento logró sobreponerse a los pronósticos adversos gracias al empuje de un público fiel que llegó desde temprano a bancar los trapos, convirtiendo el día en una fiesta compartida entre la multitud y la grilla de artistas.
Los primeros acordes del Festival Bandera 2026 sirvieron para tantear el terreno y calentar motores de la mano de propuestas frescas que pisaban suelo rosarino por primera vez. BB Asul irrumpió temprano a puro rock para presentar su disco Miss Universo, seguida por Broke Carrey con Hijo del país, ambos demostrando una solidez admirable junto a sus bandas en ese horario inicial.

Poco después, Zoe Gotusso hizo su aparición en el Escenario Norte para torcerle el brazo a la tarde gris con su calidez habitual, devolviéndole la sensación del sol a la gente que, subida a los hombros de sus amigos, cantaba en sintonía cada una de sus canciones.
Con el ambiente ya encendido, la provincia de Santa Fe se sintió en casa cuando Marilina Bertoldi tomó ese mismo escenario. La santafesina jugó de local y desplegó una dosis directa de rock and roll con la interpretación de su álbum Para quién trabajas?, combinando actitud, presencia escénica y un outfit que conquistó tanto a sus seguidores de siempre como a quienes la descubrían por primera vez.
A pocos pasos de allí, mirando hacia el escenario Sur, El Mató a un Policía Motorizado acompañó el atardecer repasando desde clásicos entrañables como “Mujeres fuertes y bellas” y “Yoni B” hasta los más contemporáneos de su último álbum Súper Terror.

Al caer la noche, la energía del festival mutó hacia una vorágine eléctrica. Dillom desató la euforia de La nueva violencia acompañado por su banda completa (con Babeblade y Juana Rozas en coros), haciendo retumbar la Estación Norte al ritmo de pogo salvaje con temas como “Rojo profundo”. Sin embargo, también hubo espacio para momentos de calma como cuando Santiago Motorizado subió a las tablascomo invitado para cantar “Cirugía”. Mientras tanto, los escenarios también vibraron con otras miradas generacionales como Perras on the Beach o Un Muerto Más, junto a glorias del rock que marcaron a varias épocas como Las Pastillas del Abuelo, La Vela Puerca, La Franela y Aterciopelados.
El cruce entre el escenario Bandera y el Rosario se convirtió en el refugio ideal para quienes buscaban perderse en el indie y el pop electrónico. La chilena Javiera Mena debutó en la ciudad entrando encapuchada al anochecer, rodeada de sintetizadores, luces parpadeantes y visuales hipnotizantes con las que festejó los 20 años de Esquemas juveniles. Tras invitar nuevamente a Santiago a cantar “Sol de invierno”, cerró su set con una versión unísona de “Yo no te pido la luna”. Acto seguido, Mi Amigo Invencible tomó la posta para repasar hits como “Acto de fe” y “Desayuno continental”, sumando a Goyo Degano de Bandalos Chinos como presencia estelar para entonar “Máquina del tiempo”.

A esa altura de la noche, la lluvia constante dejó de ser un obstáculo para transformarse en el escenario natural de la fiesta. El Zar aportó su cuota de romanticismo con baladas para bailar y saltar bajo la tormenta, demostrando un nivel escénico que sostuvo al público atrapado y disfrutando sin pensar en las gotas.
Más tarde, Bandalos Chinos irrumpió con “Mi fiesta” para sacudir cualquier rastro de cansancio físico, desplegando un pop irresistible que puso a mover los cuerpos de toda la multitud al compás de la voz del Goyo, en una seguidilla de canciones que conectó sus etapas pasadas y presentes.
La edición 2026 del Festival Bandera se despidió con el sonido hipnótico de Peces Raros coronando la madrugada al ritmo de una pista de baile al aire libre. Entre el barro, la lluvia y la música sonando, el festival confirmó que la comunión entre las bandas y el público rosarino se mantiene intacta. Cuando la grilla está a la altura y la gente acompaña, no hay mal clima que alcance para frenar la fiesta.
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