
Chechi de Marcos abre su corazón roto en “Ey, no molestes”
Entre el susurro y el pogo, la artista pop recorre el desamor con canciones que combinan dulzura, bronca y humor.
Un corazón roto también puede hacer ruido, reírse de sí mismo y pedir que lo dejen en paz. En su nuevo disco Ey, no molestes, Chechi de Marcos atraviesa esas posibilidades con una voz que se luce tanto en la suavidad de un acústico como en el enojo de una canción punk. Después de Cecilia (2022) y El ángel que soy (2025), la cantante entrerriana vuelve a poner los vínculos en el centro de un repertorio donde la tristeza convive con las ganas de saltar.
“El bueno” abre el recorrido del álbum con una instrumentación acústica y una voz que parece llegar a través de un filtro, algo distante. “No somos tan distintos como vos pensabas”, canta, hasta que la batería irrumpe con golpes contundentes y la voz se aclara, pasa al frente. Cuando parece que ya encontramos el pulso de la canción, termina sin previo aviso.
La dulzura continúa en “Necesito menos”, un pop de aire acústico que por momentos recuerda a Julieta Venegas. La melodía amigable acompaña una confesión que deja ver la soledad en medio del ruido cotidiano: “Veo gente hasta en la sopa, me siento sola, al menos no indiferente”. Pero la calma dura poco: con “Imbécil” llega el pogo y aparece otra Chechi, que encuentra en el punk una forma de sacar la bronca.
Ese cansancio también atraviesa “Gente así”, junto a María Wolff. La letra cuenta el desgaste de estar siempre disponible para alguien y perderse en el intento: “Quise amar tu herida y me perdí”. Unos sonidos que parecen salidos de una película de terror preparan la entrada de María; las voces se encuentran y sostienen juntas la tensión de una canción que lleva el hartazgo hacia un estallido.
En el tema que le da nombre al disco, la voz vuelve a ocupar el primer plano, esta vez con una textura tierna y aterciopelada. Los susurros se mezclan y el pedido sale con una suavidad que lo vuelve todavía más sentido: “Ey, no molestes / ni una vez más”.
“Un papel en la heladera” encuentra otra manera de contar esas contradicciones. Con un riff pegadizo y una melodía juguetona, convierte la dificultad de alejarse de un vínculo en una canción que permite sonreír mientras reconoce la recaída. Es uno de los momentos en los que el disco deja que el humor se siente al lado del desamor.
La confesión se vuelve más directa en “Sigo enamorada de vos”, con la cantante chilena Javiera Mena. “Desde que no estamos juntos, le miento a todo el mundo”, dice una letra que admite lo difícil que es confiar. La melodía acompaña esa intimidad y deja lugar para un sentimiento que persiste después de la separación.
Más adelante, “Te ves triste” parece ofrecer un terreno conocido, con una melodía amable, hasta que corta de golpe y cambia de dirección. La batería queda como protagonista, casi solitaria, rodeada de unos pocos sonidos que construyen un clima misterioso. Es otro de esos movimientos que interrumpen la comodidad de la escucha y abren una zona distinta dentro de la canción.
“Paloma” entra con un bajo decidido y una voz que vuelve a acercarse. La intensidad aumenta de a poco y después baja, como si siguiera el movimiento de aquello que cuesta soltar: “Aunque no quieras vas a estar en mí para siempre”. Para cerrar, “No te conozco todavía” vuelve al acústico y deja una despedida más íntima.
El disco encuentra su equilibrio en ese ir y venir entre canciones divertidas y otras de mayor peso emocional. Chechi puede sonar enojada, dulce o vulnerable sin que ninguna de esas versiones parezca ajena a las demás. ¿Es la nueva artista indie pop que necesitábamos? En Ey, no molestes hay una voz capaz de acompañar tanto el momento de extrañar a alguien como las ganas de pedirle que no vuelva.
Escuchá Ey, no molestes de Chechi de Marcos y más lanzamientos del 2026 en nuestra playlist de Spotify.

Es una artista que nunca para de sorprender con sus aristas, pero que siempre toca fibras y conecta con la intimidad