broke carrey entrevista

Broke Carrey: “Lo que yo quería era hacer un disco/documental”

Todavía con el calor del lanzamiento de su último disco, Hijo del país, Indie Club habló con Broke Carrey sobre la esencia del argentino, la grieta política y su posición entre pasado folklórico y el presente agitado.


Broke Carrey es un artista que desde hace tiempo se pregunta sobre la condición del ser argentino. En un gesto de humildad y orgullo federal, Hijo del país explora la tradición musical de la República Argentina al mismo tiempo que sortea la trampa cómoda de interpretar los géneros como si desde un museo se tratase. Así, sambas y gatos se mezclan con esa impronta sucia y urbana que lo caracterizan para traer al presente el folklore nacional.


– ¿Por qué el disco se llama Hijo del país? ¿Por qué vos lo serías?

Por el mismo motivo que lo somos todos, siento que sería egocéntrico decir que no estoy atravesado por el contexto en el que vivo, por el lugar de donde vengo. Son cosas que te van atravesando, te van formando, te van dando una visión del mundo. Uno de los primeros recuerdos que tengo de muy chiquito es ir caminando por microcentro en el 2001 y ver una señora cabeceando la puerta de un banco. Crecés en ese plano. Recuerdo a mi vieja prendiendo la tele en diciembre y ver la represión. En mi familia se habla mucho de política, mi vieja es periodista y de chico iba mucho al noticiero. Me crié rodeado de lo que pasaba y más o menos entedía el lugar en que estaba el país.

¿Todos somos hijos del país? ¿Milei y Adorni también son hijos del país?

Eso es lo que plantea el disco, sí. Aunque te generen los más profundos sentimientos de odio, estamos todos en la misma casa y hay que ver qué hacemos con eso. Ellos también crecieron con esas ideas porque alguien se las inculcó y en un contexto que les permitió florecer y no les dio lugar. Yo creo que a toda esa gente marginal la política, o el peronismo, por ejemplo, no supo abrazar o absorverlos a tiempo y saltaron así, como agua hirviendo. Al mismo tiempo es eso: esa gente, aunque sean traidores, no dejan de ser argentinos. ¿Qué hacemos con toda esta gente que piensa así?

Uno podría pensar, si te comparan con Río de la Plata, que te “entibiaste”, en particular con “Miguelito”, que no es tan combativo.

Rápidamente me di cuenta que “Montonero” no era el camino que quería seguir. Más allá de todo objetivo o ambición que tenga, quiero estar feliz con lo que hago, hacer música para disfrutar. No “disfrutar” a lo tonto, sino para comunicar y decir lo que pienso sin sumar más odio al que ya hay, boludo, no quiero ser esa persona o ese tipo de artista. Me interesa dar esperanza, no decir “todo está mal” y punto. Cuando era más chico escuchaba rap conciencia y mi viejo, que es muy del palo de la política, no le gustaba. Me decía que solo criticaban y no hacían nada al respecto. Es como “todos mienten”, sí, ¿y qué? “Milei es un hijo de puta”, ya lo sabemos. A mi me interesa es hacer reflexionar y “Miguelito” sirve un poco como caballo de Troya. “Montonero” es esto, te gusta o no te gusta.

Cuando hablás del proceso que te llevó a Hijo del país nombras autores como Estrada o Borges, que escribió un texto en 1955 llamado El escritor argentino y la tradición donde pone en cuestión la identidad argentina. Ahí él propone que eventualmente todo podría ser argentino porque el argentino no tiene una tradición o un origen y lo que es demasiado típico le genera sospecha, que lo llama “exceso de color local”.

¿Es el mismo texto en donde dice que en el Corán no hay camellos?

Ese mismo. Y a partir de esta idea quería preguntarte por la decisión de trabajar géneros folklóricos pero trayéndolos a tu presente y tu realidad material ¿Cómo evistas que el folklore quede cristalizado o se vuelva algo for export? Como es el caso de “Monumento”.

Fue una búsqueda consciente, es algo que siempre tuve presente. Nunca quise disfrazarme de gaucho. Muy al principio, cuando esto ni existía, hablaba con gente y me decían “podrías ir a grabar a La Pampa” y pensaba que no, no lo sentía natual. Siempre me interesó preguntarme quién soy y de dónde vengo y todo el proceso del disco trata de desnudarse de alguna manera. Fue una búsqueda de acercarme musicalmente a los géneros intentando mantener mi esencia más que nada al momento de escribir, no decir nada muy tirado de los pelos. Esto de “en el Corán no hay camellos” me sirvió mucho y se lo repetía siempre a mis productores.

No hace falta que vayamos a lo obvio, la idea era hacer un gato o una samba y salirse un poquito. Fue difícil porque no había nada así y no tenía de donde chorear, este híbrido entre nuestro folklore federal y sus narrativas y mezclarlo con las nuestras. Le metimos mucha cabeza y el resultado es muy cuidadoso. En vez de contar una historia ficticia me interesaba documentar el proceso, eso, en vez de un disco conceptual lo que yo quería era hacer un disco/documental. Nunca quise hacer de nuestra cultura un museo, la idea era mantenerla viva.

Sarmiento también habla de esto un poco, en Facundo que estudia el interior del país y dice que “el mal que aqueja a la República Argentina es su extensión” ¿Qué hacemos con todo este territorio? Se puede reivindicar, como hacer vos, o se puede convertir en suelo productivo…

…en negocio. Jajaja. ¿Te referís a “NMQN”? Es uno de los primeros discos del disco, que hicimos mano a mano con el Mala, pero todo este verso político lo terminamos hace muy poco, hará cosa de unos meses. Tenía una energía… yo siempre evité rapear en el disco, era una indicativa a mis productores, “no me dejen rapear”, pero había una energía que necesitaba expresar con más fuerza. Justo fue durante los incendios en el sur y yo venía, como me paso con Río de la Plata, muy atravesado por lo que pasa.

Cuando es así no me sale sentarme a hablar boludeces, y quise escribir algo sobre esto pero de una manera lateral. Esto es algo que fui aprendiendo a partir del EP, bordear los temas para hacerlos más universales para que cualquiera lo pueda entender, tratar temas nuestros pero de una manera que si alguien de México lo escucha también lo pueda sentir. Es uno de mis temas favoritos.

Broke Carrey hijo del país

No se si viste Nuestra Tierra, de Lucrecia Martel, que se estrenó hace un par de días y trata estos mismos temas.

Sí, me gustó muchisimo. Es una película muy emocionante y me dejó pensando. Te muestra las cosas como sucedieron y uno saca sus propias conclusiones, que son bastante obvias. Es que de esto mismo trata Hijo del país y la idea de “argentinos somos todos”. Argentinas son todas estas personas que me inspiran y me gustan y también todo el resto. Para mí es una visión errónea la que nos trajo hasta acá. La visión de “la grieta” está mal porque sella algo como irreconciliable, como dijo el boludo de Lanata cuando presentó el concepto.

Quizás hay cosas irreconciliables con algunos sectores, más del poder, pero entre nosotros como argentinos ciudadanos esta es una visión que solo nos va a traer una y otra vez a lo mismo, que es destructivo. La idea del disco siempre fue buscar algo más allá de “nosotros contra ellos”. Para algunos será una visión de tibieza, que lo entiendo, pero para mi no se va a lograr nada mejor repitiendo ese patrón.

El disco regresa todo el tiempo a Dios y a sus íconos, aún en lo profano como en “Zupay”, pero no es un tema central ¿Qué pasa con eso?

No fue ni siquiera una decisión, fue algo que noté al final del disco. La verdad es que este año me acerqué a la religión, yo tuve una enseñanza atea y así me consideré hasta hace no mucho tiempo. Empecé a tener una vida espiritual, me adentré al budismo por la meditación y estuve estudiando sobre cristianismo y catolicismo, religiones en general. Finalmente todos dicen lo mismo y el hombre las fue “malinterpretando”. Fue algo que se me fue colando, realmente. Mi forma de hablar de Dios no es como a un tercero sino que Dios es mi forma de llamarle al todo y al planeta en que vivimos, a las fuerzas de la causalidad.

La religión es algo super importante en la historia de nuestro país, siento que mucho tiempo estuvimos como enojados con la iglesia. Yo, por ejemplo, siento que empecé a entender la figura de Francisco muy poco tiempo antes de su muerte. El día que falleció fui a una misa, solo, y nunca en mi vida había hecho eso. Esta religiosidad me inspiró para con mi música y la pude ver como un medio para llegar a otro y pensarla como una forma de aportar un granito de arena en algo más grande. Para mí eso es religiosidad. Salir de tus deseos para hacer algo más grande que vos y por el otro. Trabajar por algo más grande que vos.

En lo que respecta a tu equipo de trabajo: ¿cómo fue el proceso de formar una banda federal?

Se dio naturalmente. Empecé trabajando con mis dos productores de siempre (Lamadrid y Elmalamía) y Lamadrid nos presenta a Cocó porque trabajó en el último disco de Usted Señalemelo. Le pasó para escuchar algunas maquetas que le encantaron, lo invitamos a uno de los primeros viajes que hicimos y al toque se sumó, fue una persona muy clave. Después por un amigo en común conozco a los santiagueños, trouve feraud, que estaban haciendo la misma música que nosotros. En ese momento tenían una sola canción en Spotify, ni bien la escuché les escribí y caí a la casa de ellos.

Nos empezamos a mostrar nuestras canciones y estabamos escribiendo lo mismo, pensando lo mismo, las mismas referencias… fue como un flechazo total. Mediante ellos aparece Polo Martínez, este chico de Lobería, Necochea; increíble, alucinante. Fueron así, cosas que fueron sucediendo de forma muy natural. Me hace pensar en cómo hay fuerzas que no percibimos, yo empiezo este camino y de repente me encuentro con gente que está en la misma búsqueda y nos mueve a todos lo mismo, estamos todos como si nos conocieramos hace mucho tiempo trabajando entre todos… es increíble. Terminamos con una banda de ocho personas muy unida.

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