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Beach Fossils volvió a Buenos Aires: una huella del indie de los 2010 que sigue vigente

La banda de Brooklyn volvió a la Argentina después de nueve años y convirtió C Art Media en un viaje por el indie de los 2010, aunque sin quedarse atrapada en la nostalgia.


Beach Fossils es una de esas bandas que consiguieron algo bastante difícil: mantener una impronta reconocible durante más de una década sin quedar atrapadas en ella. El proyecto comenzó prácticamente como un ejercicio solitario de Dustin Payseur, con canciones lo-fi, voces enterradas entre reverberaciones, baterías digitales y ese aire nebuloso del indie surf que dominaba buena parte del underground a comienzos de los 2010. Con el tiempo, la mejora en la producción y la consolidación de una formación estable transformaron aquella precariedad en un sonido más pulido e inmediato, aunque sin terminar de disipar el misterio que siempre rodeó sus canciones.

La banda de Brooklyn no volvía a la Argentina desde 2017, justamente en el momento de Somersault, todavía el gran punto de encuentro de su discografía. Desde entonces apenas sumó un disco a su catálogo, pero su influencia creció bastante más. Junto a otros nombres como DIIV y Wild Nothing, Beach Fossils fue parte de la camada que definió el dream pop y el indie lo-fi de los 2010. Hoy, cuando el bedroom pop se convirtió en uno de los lenguajes favoritos de las redes y artistas como beabadoobee o girl in red llevan ese intimismo a audiencias masivas, muchas de aquellas canciones suenan menos como una postal del pasado que como el antecedente directo de algo que todavía está pasando.

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Foto: Charlie Riobueno.

El arranque en el C Art Media fue con “Don’t Fade Away” y esas guitarras jangly, centelleantes y ágiles que funcionan como una firma inmediata de Beach Fossils. “What a Pleasure”, uno de los cortes del EP homónimo, aceleró todavía más el pulso con su costado post-punk, y “Shallow” apareció temprano como uno de los primeros grandes momentos de la noche. La reacción del público dejaba claro que para buena parte de los presentes la banda también era una máquina del tiempo: si uno estuvo metido en el circuito indie de aquellos años, esas guitarras, esos coros y ese tipo de melancolía pueden devolverlo directamente a los primeros 2010. “Generational Synthetic”, de Clash the Truth (2013), siguió por ese camino y hasta armó algún pogo con su energía arrolladora.

Pero si algo terminó de despegar a Beach Fossils de la nostalgia fue la manera en que se comportó la banda entre canción y canción. Esa timidez que caracteriza muchas de sus grabaciones, con guitarras hundidas bajo capas de reverb y voces que parecen cantar desde otra habitación, desapareció cuando llegó el momento de hablar con el público. El grupo agradeció, hizo chistes y se permitió boludear. En un momento podían quedarse suspendidos en un pasaje ambient y al siguiente improvisar melodías sobre los cánticos de la gente. El shoegaze puede ser solemne si quiere, pero Beach Fossils demostró que también puede tener sentido del humor.

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Foto: Charlie Riobueno.

“Sleep Apnea” fue quizás la postal más clara de esa capacidad para construir una atmósfera. La banda pidió que se apagaran las luces del C Art Media y dejó que el lugar quedara iluminado exclusivamente por las pantallas de los celulares. La escena podía tener algo de gesto preparado para Instagram, pero funcionó porque la canción pedía exactamente eso: una pequeña isla de psicodelia frágil y arrulladora, sostenida por las texturas de las guitarras. Más adelante, “Tough Love” y “Numb” funcionaron como un doblete de Bunny (2023), su disco más reciente, y confirmaron además que la historia de Beach Fossils todavía no terminó: entre comentarios y canciones, Payseur dejó entrever que hay nuevo material en camino.

Para los bises quedaron dos de las postales inevitables de la noche. “Down the Line” apareció con ese riff jangle irresistible que probablemente sea uno de los motivos por los que la banda sigue teniendo un lugar tan especial entre quienes descubrieron el indie de los 2010. Y para cerrar llegó “Daydream”, una canción del primer disco, cuando Beach Fossils todavía era esencialmente Dustin grabando solo. El contraste fue perfecto: una composición nacida en la intimidad de un proyecto solista terminó la noche con toda la banda sobre el escenario y con los integrantes de Wishy, el grupo de Indiana que abrió para los Fossils, sumándose para acompañarla. Casi como una pequeña representación de la historia del grupo: de las habitaciones y las grabaciones caseras al escenario, sin perder del todo aquella sensación de estar escuchando algo que fue hecho a pocos metros de distancia.

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Foto: Charlie Riobueno.

Beach Fossils lleva en el nombre una idea de pasado, de algo que quedó enterrado y que sobrevive como huella. Pero en C Art Media quedó claro que la banda no está ahí para ser una pieza de museo del indie de los primeros 2010. Sus canciones forman parte de la genealogía de mucho de lo que suena hoy, pero todavía tienen un presente propio. Quizás esa sea la mejor manera de entender su regreso a Buenos Aires: no como una banda que vino a recordar cómo sonaba una época, sino como una que ayudó a construirla y todavía encuentra formas de sonar actual dentro de ella.

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