weezer the gold album

Weezer y su “Gold Album”: ¿refrito o natural?

Después de años de discos irregulares y búsquedas de identidad, la banda encuentra en su vigésimo álbum una manera más natural de enfrentarse a su propio legado.


En la época de los consumos, los productos o trabajos de televisión que llegan a cierta cantidad de años y temporadas pasan a los refritos o a copiarse a sí mismos. Weezer es más o menos así. Pasa de disco en disco tratando de encajar en diferentes lugares. Entre una eterna repetición de viejas glorias, una búsqueda para copiarlas, una actualización que no llega o no funciona. Con el lanzamiento de su nuevo trabajo homónimo, Weezer (Gold Album) marca su vigésimo disco e intenta darle un giro a este enfoque reconfigurando su propuesta.

La carrera de Weezer en los últimos 20 años es como una ruleta. Te puede salir un buen disco, uno malo o uno muy malo. Así y todo los fans siguen escuchando para ver si les salió lo que buscaban. Ya estamos muy lejos de los 90s, ya nada es lo mismo. Pero este cambio o amalgama tiene una razón. Los últimos discos de la banda ya empezaban a avanzar nuevamente a los tumbos. Los cuatro discos sobre las estaciones (SZNZ, su experimento de 2022 con un EP por temporada) hicieron que cambiaran la búsqueda hacia esa esencia ‘rockera’ de la banda por algo genuino y no es la primera vez que sucede.

El Gold Album tuvo una particularidad ya que hubo una participación colaborativa entre los cuatro miembros de la banda, Rivers Cuomo, Patrick Wilson, Brian Bell y Scott Shriner. Es el primer disco desde el Blue Album (1994) en el que todos los integrantes que tocan también componen juntos en la misma habitación, siendo las primeras canciones de Pat Wilson (baterías y guitarras) y Rivers Cuomo en más de 30 años. Da esa particularidad o naturaleza de esas primeras canciones, aunque también algunas te hagan recordar al Green Album (2001) o hasta el White Album (2016) . Pero realmente aaunque la mente de Rivers Cuomo siempre opaque, hay retazos de todos los discos o en su gran mayoría en este. Existe esa ingenuidad, ese idilio por la guitarra y por los matices.

“Say yes / Even if I don’t believe that it’ s true”, canta Cuomo en la primera canción. “Say yes” es un track muy explosivo que ya te evoca a esa versión poderosa de los Beach Boys. Aun con esa explosividad, conecta con esos ganchos pop que tanto está hipnotizado el líder de la banda desde su primer disco.

“Shine Again” trae esa visión hacia el pasado de uno de los integrantes de la banda, Patrick Wilson. De algún modo, el optimismo se convierte en un estado de hastío que viene desde el pasado hasta acá. No hay bomba más grande para volver a creer en una canción que decir: “The sun inside will shine / Shine again, shine again”. “Don’t Make It Weird” sigue por esa búsqueda por un sonido más pesado en esas guitarras.

Hay algo distorsivo y corrosivo que lo hace actual. Como si Weezer tratara de traer esa experiencia que tiene la banda hacia esta época. Es un disco violento de Weezer, así lo describió Kenneth Blume, uno de los productores colaboradores del Gold Album. Esa búsqueda por tratar de volver o ser otra cosa a la vez también vino de la mano con Klas Åhlund, quien también produjo a la banda Ghost. Muy presente en “We Might as Well Be Strangers” junto a Karly Hartzman (Wednesday), una canción sobre una pareja disfuncional que de entrada con una invitación a un cumpleaños y valium. Te deja atónito por esas interpretaciones tan sentimentales y como la distancia y el tiempo cortan todo.

Más que un refrito, parece una cadena de ironías y parodias hacia sí mismos, atravesando la mediana edad y convirtiéndose ya en personas grandes que pasan los 50. “CEO” empieza con el recurso del spoken word a lo “Undone (The Sweater Song)” y como en “Say Yes” comienza a hablar sobre la industria musical y los fanáticos. O “Hoops” donde ya la edad empieza a dialogar con la sistematización y los electrodomésticos: “I gotta grow up / And be a real adult / Stop complaining / And give the people what they want”.

Para “Nowhere”, el álbum vuelve a entrar en una meseta de conservadurismo sobre los riesgos.  Ya el sonido vuelve al Weezer que se conoce de este último tiempo y no toma mucho más. Es hasta contradictorio, porque “The Show Must Go On” y “LA Sound” (escrita por el guitarrista Brian Bell) traen una visión panorámica sobre la banda, sus inicios y cómo se lleva a día de hoy, viéndolo 30 años después. Que van desde las noches en auto viajando hasta los antros de Los Ángeles y bares de mala muerte. Estas canciones sí los encuentran maduros y hasta los rejuvenecen, al no tratar de comerse la cola con inventos ni buscar convertirse en otra banda para subsistir en la carrera musical. Cosa que no necesitan.

Si la carrera de Weezer cerrara con este disco, sería bueno. Pero lamentablemente es hablar de supuestos, porque no va a ser así. Y está bien. Para el que le guste la banda, va a volver luego de este disco a la famosa ruleta. Pero está bien que una banda como Weezer siga estando ahí. Como dicen en “The show must go on”: “When hope is gone, I’m turning it / on The show must go on”. Y Weezer va a seguir estando ahí para acompañar, y va a seguir siendo Weezer.


Escuchá Gold Album de Weezer y más lanzamientos del 2026 en nuestra playlist de Spotify.

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