
El carrusel siempre girará: El Kuelgue presentó “Díscolo” en el Movistar Arena
Con una puesta en escena destacada, performance y tributos, la banda oriunda de Villa Crespo presentó su último trabajo de estudio en una noche de reencuentros con distintos invitados.
El espectáculo, la sorpresa y las risas. Capturar los diferentes momentos, tolerar las interrupciones, los cambios de vestuario, los juegos, entregarse a la improvisación y el absurdo. Esa es la intención que, luego, se refleja en el cariño, la preparación y el profesionalismo con la que El Kuelgue despliega su performance sobre el escenario. En esencia, hace varios años que la banda oriunda de Villa Crespo domina esos elementos artísticos ante un público que, otra vez, disfrutó de una propuesta integral que los reunió para cantar las nuevas incorporaciones y las canciones que marcaron sus años anteriores.
El show ofreció distintos momentos y, como sugería la distribución del Movistar Arena, la puesta en escena y los personajes no serían figuras estáticas. Con pulso firme, “Sínoca” removió el telón y seguidamente “Epifanía” y “Haditas” introdujeron al público las anécdotas y actualidad de Díscolo. Con un ligero cambio, “Ir derecho”, “Bossa” y “Buena Tela”, entre otras, prepararon el ánimo para que Zoe Gotusso acompañara a sus amigos para cantar “Carta para no Llorar” y para que, minutos después, algunos integrantes de la banda se desplazarán al extremo opuesto, en un formato reducido, para tocar las versiones de “Loquero viejo”, “Pleyades” y “Paradise”. Los muchachos se divertían; el público también.

En una breve interrupción, una versión instrumental de “Todo un palo” sorprendió, como así fue la reacción de las personas al cantar y levantar sus dedos en homenaje al Indio Solari. Reincorporada la banda, el repertorio continuó con “Natación” y luego fue Abel Pintos quien se sumó a la versión de “La máquina” y al tributo a Gustavo Cerati al interpretar “Cactus”. Seguidamente, entre improvisaciones, abrazos y la constante actuación de Kartún, tocaron “Bailo”, “Vos y la mancha” y “Díganselo”. Las frases, el sentido y los recuerdos de esas canciones fueron intransferibles para cada persona que levantaba sus manos acompañando.
No debía faltar el homenaje a una canción que, por su simpleza, se convirtió en un recuerdo del inicio del movimiento indie en el país: “Parque acuático”. Guitarra y voz, sin fuego, pero, con miles de personas compartiendo un mismo afecto. Así, el show avanzaba hacia su final cuando la banda tocó “Peluquita”, “Hola precioso”, “Barry lindo”, hasta que el último invitado de la noche, Piti Fernández, se sumó al escenario para saltar y divertirse con “Show me your Monkey” y corear, exultante, los estribillos de “Viejos vinagres” y “La rubia tarada”. Con sus estilos, los tributos no fallaron. Finalmente, “Avenida” y “La curva” fueron las últimas canciones de una noche de reencuentro bajo el enorme carrusel que, otra vez, volvió a girar.

El juego, la broma, los límites del absurdo, la sátira, la curiosidad, las amistades y la infancia han sido, entre otros, elementos constante de un estilo que el Kuelgue trabajó desde sus orígenes en 2004. El escenario es, quizás, el espacio que mejor les permite ese despliegue que, como han declarado, se trata principalmente de divertirse entre amigos mientras la música surge. Además, ¿hay mejor lugar para tocar que el barrio? Con agradecimientos, la gira del carrusel se prepara para las siguientes estaciones.
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