
Mujer Cebra: “Hoy el foco es no ser más ruido entre todo el griterío”
En diálogo con Indie Club, la banda reflexiona sobre el paso del tiempo, el lugar del arte en una época acelerada y por qué, por primera vez, Inhibidor se siente más como una respuesta que como una pregunta.
Hay una escena en Perfect Days en la que Hirayama levanta la vista para mirar cómo la luz se filtra entre las hojas de los árboles. No pasa nada extraordinario, pero la película parece decir que prestar atención (de desautomatizar) también puede ser una forma de resistencia.
Quizás por eso Inhibidor llega en un momento oportuno. Mientras el presente empuja hacia la velocidad permanente —publicar, producir, responder, consumir—, el nuevo disco de Mujer Cebra elige otro ritmo. No porque renuncie al ruido, sino porque decide escuchar y evaluar antes de sumarse a él. Hay cansancio, incertidumbre y contradicción, pero también una búsqueda por entender qué queda cuando el impulso de demostrar algo desaparece. Después de Clase B, el trío vuelve con un álbum que amplía su universo sonoro y, sin abandonar la intensidad que siempre lo caracterizó, encuentra en la contemplación una nueva forma de hacer preguntas.
El tiempo de las canciones
— Inhibidor ya dejó de ser de ustedes para empezar a ser de quienes lo escuchamos. Ahora que el disco empezó a girar, ¿hay algo que descubrieron sobre él que no habían visto mientras lo estaban haciendo? ¿Cómo recuerdan hoy el momento en que empezó a tomar forma?
Siempre que hacemos un disco terminamos perdiéndonos un poco. Hay muchas cosas sucediendo al mismo tiempo y nos guía mucho la intuición. Es como mirar un cuadro demasiado de cerca, durante el proceso sólo ves las pinceladas. Recién con el paso del tiempo entendés en qué te metiste y hasta por qué escribiste o tocaste determinadas cosas. Inhibidor fue un proceso largo que atravesó distintas etapas. Veníamos con un cierto cansancio de la fórmula que habíamos construido y cada instancia del disco fue destrabando un poco ese mismo proceso.
— Escuchando el disco tuve la sensación de que es un proyecto que no necesita demostrar nada. ¿Ustedes también sienten que hoy escriben desde un lugar distinto al de los primeros años? ¿Hay algo que hace cinco años todavía no podían nombrar y que hoy sí aparece en sus canciones?
Sí, totalmente. Mirando los discos con un poco de distancia, sentimos que fueron retratando nuestra forma de mirar el mundo, o cómo el mundo nos iba atravesando. Siempre buscamos que sean lo más genuinos posible y que no se contaminen de expectativas o de miradas ajenas. En ese sentido somos bastante herméticos. Los discos anteriores eran mucho más hacia adentro; éste se siente como si tuviéramos más herramientas para hablar de lo que nos pasa desde otro lugar, quizás más maduro.
— ¿Qué conversaciones sienten que este disco mantiene con los anteriores? No sólo en términos musicales, sino también con quienes eran cuando los hicieron y con el presente que les toca atravesar.
La búsqueda sigue siendo la misma. Lo que nos mueve es hacer la música que nos gustaría escuchar. Y que esa música sea una pantalla honesta de nuestra manera de ver las cosas. Todo termina atravesado por lo que estamos sintiendo en ese momento.
— ¿Hay canciones propias que hoy sienten ajenas? ¿Qué les dicen esos temas sobre quienes eran cuando los escribieron?
Ajenas no. Sí puede pasar que uno se canse de tocar tanto las mismas canciones, y ahí aparece la necesidad de buscar algo nuevo, de desafiarse. Pero cada disco habla muchísimo del momento en que fue hecho. El primero, por ejemplo, todavía nos sabe a la pandemia. Tiene ese gusto.
Una fotografía de época
— Hay algo en las letras de Inhibidor que dialoga con una sensación de incertidumbre y de desgaste muy propia del presente. No sé si fue una búsqueda consciente o una consecuencia del momento en que escribieron el disco, pero, ¿cómo leen ustedes esa relación entre las canciones y el contexto que atraviesa el país? ¿Creen que este disco terminó absorbiendo algo de esta época?
Sí, completamente. Esa sensación de incertidumbre que aparece cuando ves el mundo tan desbordado genera una aceleración enfermiza. Es muy difícil saber hacia dónde va todo. El disco está muy atravesado por esa pregunta personal de dónde pararse para que la marea no te lleve puesto, para no convertirte en un palo más en la rueda. Y también hay algo muy desesperanzador en la forma en que hoy se consume el arte. Literalmente se consume: se gasta rápido y se descarta.
— Hay artistas que escriben para entender lo que les pasa y otros que escriben cuando ya lo entendieron. ¿En qué lugar sienten que están ustedes?
Creo que estamos en el medio. Más cerca de sacar algo para poder verlo y entenderlo. Aunque también hay canciones que aparecen como una flecha: nacen de haber entendido algo y caen como un rayo de luz.
No ser más ruido
Hay una palabra que sobrevuela casi toda la conversación, aunque nunca aparezca de forma explícita: tiempo. Tiempo para entender un disco, para dejar crecer una canción, para escapar de una fórmula o para resistir la ansiedad de producir permanentemente. En un presente donde todo parece medirse por la velocidad con la que se publica, Mujer Cebra elige ir en dirección contraria. Si sus primeros discos estaban atravesados por una necesidad de romper algo, Inhibidor parece preguntarse qué hacer cuando alrededor ya está todo roto.
— Hoy pareciera que todo exige velocidad: publicar, tocar, producir, responder. ¿Cómo hacen para proteger el tiempo que necesita una canción? ¿Sienten esa presión por estar produciendo constantemente?
La sentimos en algún momento. Es imposible que la velocidad de todo no te lleve puesto por algún lado, pero tratamos de ir lo más lento posible. El último disco salió hace bastante y decidimos no corrernos. Preferimos esperar y ver cómo se iba armando todo antes que sacar algo por la necesidad de estar presentes.
— Con los años cambian las canciones, cambian las personas y también la forma en que una banda es leída desde afuera. ¿Hay una idea de Mujer Cebra que ya no les interese sostener? ¿Qué sienten que permanece incluso cuando cambia el sonido?
No sentimos que haya cambiado tanto una idea de la banda. Pero sí cambió el lugar desde donde hacemos las cosas. Cuando empezamos a tocar sentíamos que había algo alrededor que estaba dormido. Arrancamos con ganas de romper algo, con una energía mucho más furiosa. Hoy parece que esa ira contenida explotó en todos lados: todo se siente muy enfermo, muy incendiado. El foco ahora es tratar de bajar, de no prenderse fuego y de no ser más ruido entre todo el griterío.
— En toda obra hay decisiones visibles y también renuncias. Cuando terminaron Inhibidor, ¿qué sintieron que había quedado deliberadamente afuera? ¿Qué silencio necesitaba conservar el disco?
Hubo mucha búsqueda de producción, de sumar herramientas nuevas. En ese camino sacrificamos un poco la velocidad que tenía gran parte de lo que hacíamos antes. Al final terminamos haciendo el disco que nosotros queríamos escuchar, muy influenciados también por la música que estábamos escuchando en ese momento.
Las preguntas también responden
Hay una respuesta que aparece recién sobre el final de la charla, pero podría haber estado desde el principio. Después de hablar del cansancio, del presente, de la necesidad de bajar un cambio y de un disco que necesitó tiempo para revelar su forma, la conversación vuelve, inevitablemente, al título de Inhibidor. O, mejor dicho, a la forma en que Mujer Cebra entiende hoy la música.
— Hay discos que parecen una respuesta y otros que parecen una nueva pregunta. ¿En qué lugar sienten que está Inhibidor?
Los dos primeros discos se sienten más como una pregunta. Éste, en cambio, se parece más a una respuesta. Aunque es gracioso, porque una de nuestras canciones favoritas del disco, “CUÁL ES MI NOMBRE?“, es justamente una pregunta. Siempre tuvimos una forma bastante contemplativa de hacer música. En general nos movemos más por lo que nos preguntamos que por lo que queremos decirle al mundo. A veces esas preguntas son las mejores respuestas que nos vuelven.
Antes de despedirse, la conversación se corre por última vez del disco para mirar un poco más atrás. Mujer Cebra forma parte de una generación de bandas que, durante la última década, ayudó a consolidar una nueva escena para el rock argentino. Mirar ese recorrido también implica preguntarse qué quedó en el camino.
— Con el tiempo, esa escena también cambió. ¿Qué sienten que se transformó y qué cosas extrañan de aquellos primeros años?
Hubo una fragmentación que creemos que fue sana y necesaria. Cada grupo empezó a construir su propio camino y eso está buenísimo. Pero también sentimos que se perdió algo de la inocencia y de la camaradería que había al principio. Ojalá sea momento de reavivar un poco esa llama entre las bandas que empezamos juntas. Y, sobre todo, ojalá aparezcan nuevas bandas que hagan su propio recorrido y nos enseñen cosas a nosotros también.
