
Entre el indie ruidoso y nuevas búsquedas, Marchitorial da un salto con “Loosh!”
El quinteto marplatense entrega un segundo disco menos inmediato que Penpal, pero más autoral y decidido a construir una identidad propia.
En Penpal (2024), Marchitorial todavía tenía algo de banda en formación. Había mucho grunge, bastante rock ruidoso y una energía adolescente que atravesaba todo el disco. Pero entre la distorsión también asomaban canciones como “No me odies”, que dejaban entrever otra faceta del grupo: además de hacer guitarras pesadas, estos muchachos también sabían escribir melodías.
Entre títulos como “Sangrar” o “Amigo veneno”, que daban la pauta del imaginario oscuro de la banda marplatense, convivía un corazón pop que pedía cada vez más espacio. Escucharlos hablar en entrevistas también dejaba entrever una curiosidad que iba más allá de la música.
Su nombre proviene de la expresión “marchito erial”, tomada de la literatura lovecraftiana; el del nuevo disco remite al concepto de loosh, desarrollado por Robert Monroe en Viajes lejanos (1985), una suerte de energía producida por las emociones humanas. Había, desde temprano, una voluntad de construir un universo propio.
Dos años después, Loosh! encuentra a Marchitorial en otro momento. La salida de Trinidad Ise, quien compartía las voces con el guitarrista Brian Ostiz, y la incorporación de nuevos integrantes modificaron la formación. Pero el cambio más evidente es otro.
Como reconocieron los propios músicos, el tiempo los llevó a aburrirse de repetir lo que ya sabían hacer. Era momento de correrse un poco de ese lugar. Sin abandonar del todo el nervio de sus comienzos, Marchitorial empieza a buscar un lenguaje menos apoyado en sus influencias y bastante más propio.
Ese crecimiento se percibe desde el arranque. “Mi novia skinhead” abre el disco con una batería propulsora, riffs veloces y voces hundidas en la mezcla, tratadas casi como una textura más que como el centro de la canción. El verdadero gancho aparece en la guitarra, cuyo riff agudo sostiene un estribillo inmediato. Es una declaración de principios: menos explosión grunge y más confianza en la construcción de climas.
A partir de ahí aparecen varios de los mejores momentos del disco. “Repulsión” deja que las melodías respiren un poco más, suma unos “oh-oh” irresistibles y se convierte en uno de los puntos altos de Loosh!. “Tiempos violentos”, elegido como single, confirma esa búsqueda: directa, pegadiza y con alma pop, encuentra el equilibrio justo entre estribillos memorables y pasajes instrumentales donde la banda puede expandirse sin perder tensión.
Hay otra idea que atraviesa buena parte del álbum: la repetición. Brian Ostiz contó que le interesa construir riffs y melodías que permanezcan dando vueltas en el subconsciente del oyente. Loosh! lleva ese concepto más lejos. “Ilusión” encuentra en el bajo el eje de toda la canción, mientras que “En desorden” gira alrededor de una melodía en loop que termina funcionando justamente por insistencia. Son pequeños recursos que empiezan a darle al grupo una identidad cada vez más reconocible.
La producción también deja entrever una banda que escucha mucho más que grunge y rock ruidoso. Hay ecos de Polvo (explícitos incluso en una canción que lleva el nombre de la banda), del indie estadounidense de los 90 y de cierto slacker rock donde las voces no buscan imponerse sino integrarse al conjunto. Marchitorial ya no parece tan preocupado por sonar como sus héroes; empieza, lentamente, a sonar como sí mismo.
No todas las canciones dejan la misma huella. Después de un comienzo muy sólido, la segunda mitad del disco a momentos privilegia la construcción de un clima por sobre el impacto inmediato de cada tema. Canciones como “Bandera negra” o “Mi vida como un espectador” se mueven dentro de coordenadas similares y, por momentos, los contornos entre una y otra empiezan a difuminarse. El breve instrumental “Es el fin del mundo y soy el último en darme cuenta”, por su parte, funciona más como un respiro dentro del recorrido que como una pieza con peso propio.
El cierre con “Quiero conocer a Robert Pollard” vuelve a levantar la vara. El homenaje al líder de Guided by Voices abraza una estética deliberadamente lo-fi para entregar una de las canciones más simpáticas del álbum: pegadiza, rockera y desprolija en las dosis justas, como si Marchitorial encontrara en el líder de Guided by Voices un espejo donde mirarse.
Loosh! quizás no tenga la inmediatez de Penpal, un disco cuyos mejores temas se quedaban pegados desde la primera escucha. A cambio, Marchitorial entrega un trabajo más autoral, donde el teenage angst empieza a ceder terreno frente a una búsqueda propia. Puede que todavía no sea el techo creativo de la banda. Pero sí parece el disco donde empiezan a construirlo. Después de un debut que dejaba claro de dónde venían, Loosh! empieza a responder una pregunta bastante más interesante: hacia dónde quiere ir Marchitorial.
Escuchá Loosh! de Marchitorial y más lanzamientos del 2026 en nuestra playlist de Spotify.
