
El gran primer capítulo de Greta y las Voces: su álbum debut “No volver a perder”
El shoegaze rosarino empieza a encontrar sus caras en la nueva generación de artistas under.
Greta y las Voces estrena No volver a perder, su primer LP tras una trayectoria meteórica: en apenas un año y medio llevaron adelante decenas de presentaciones, tuvieron su primer show en CABA, atravesaron cambios de formación y sacaron su primer disco. El speedrunning del under.
La escena musical de Rosario en los últimos años se caracterizó por albergar proyectos más cercanos al rock alternativo, al post punk y a una estética trash. Es por eso que este lanzamiento no sólo constituye un gran paso para la banda, sino que también consolida la presencia del shoegaze y el dreampop en la ciudad, con una obra de personalidad fuerte y tan entera como lo es No volver a perder.
No volver a perder contiene 9 canciones y alcanza una duración de casi 40 minutos. Su estilo se reparte entre el shoegaze y el dreampop; pero a diferencia de lo que se acostumbra en estos géneros, encontraremos la voz mucho más clara y al frente de los instrumentos. El estilo poético, elaborado y hasta narrativo de su lírica justifican esta decisión, al no permitir que las letras se dispersen en reverberaciones ni sonido atmosférico. Una voz descubierta, además, abre el paso para el canto melódico y multitonal con el que juega Greta (voz y guitarra) y para los momentos de balada que ponen en juego lo romántico y lo conmovedor.
El álbum empieza con “Las terminales”, track esencial que despliega el leitmotiv de No volver a perder y se ubica, acertadamente, al comienzo del runtime. Una guitarra dreamy inaugura el disco y acompaña el canto bajo de Greta, que nos canta harta del adiós y los finales. La melodía transcurre estable hacia el final, cuando un solo de guitarra alto cierra el tema con dos vueltas. A continuación le sigue “Ni una gota”, con versos desahuciados y de pasada frustración “Alisté la luna para nada / Mis sueños en garantía quedaban”. La intensidad alternante se dispara con la guitarra de Astor Reyes y la percusión de Lucio Sandillo en un instrumental pesado, de estribillos intensos que rozan lo emo; mientras que al canto se suman las voces de Tito Arias (guitarra y voz) y Alejo Mondelo (bajo y coros).
Algunas canciones después y bien pasada la primera mitad, “El Ego” empieza despacio y sube de forma súbita, manteniendo una meseta alta y cerrando con un canto de desahogo. Su letra plantea la encrucijada mental en donde se define el destino de aquel bucle de sufrimiento: el narrador se resuelve como sujeto doliente o se reinicia el ciclo. A partir de aquí, empieza el descenso del álbum con “Jean Honore”, balada romántica de plena entrega que Tito y Greta encaran en dúo. Luego, “Días de enero” -la más coreada y fan favorite-, es la fotografía de una Rosario detenida en verano: abatida de día, vahosa y aburrida de noche “El tiempo pasa lento y el calor / Es insufrible ya / Quiero escapar”. Finalmente, llega el cierre con el acústico “Lucía”, una prosa con rasguido en dueto.
El tema central del álbum gira alrededor de las despedidas y su sonido captura la pesadez y el cansancio tras la pérdida reiterada. La tristeza es una emoción que está presente, sin embargo la exploración del sentimiento permanece más en clave de añoranza y nostalgia. Greta comenta que esto nace a raíz de la impotencia y el dolor de ver a tantas personas partir de su vida: particularmente amigos y colegas que se iban de Rosario o del país en años difíciles. Forzada a ver cómo tantas personas quedaron lejos, una creciente sensación de soledad y vaciamiento inspiró canciones como “Las terminales” (“Es un país roto / Para extranjeros / Que nos expulsará”) y “Pasajes” (“Todos se van / Y yo me voy / A ninguna estación”).
La acumulación de despedidas fue también una vivencia colectiva para ellos: el cierre de recintos y espacios culturales locales y la partida de su primer guitarrista (Luca Giuliano) dejaron una herida sensible en el corazón de la banda que luego se trasladó al álbum. Lejos de desanimarlos, estas experiencias reafirmaron su rumbo e identidad como proyecto: se muestran convencidos de lo autóctono como categoría desde la cual plantarse y buscan desarrollar un sonido que plasme a la ciudad y “que sea de acá”, para llegar a oídos de todo el país. El entrelineado de No volver a perder reflota ese zeitgeist microcéntrico de Rosario, el destino compartido de su gran arteria peatonal y las veredas estrechas que conocen de memoria.
Greta y las Voces se prepara para el estreno en vivo de No volver a perder, el próximo sábado 4 de julio junto a Bubis Vayins y Mente Inhabitable en el Centro Cultural Fontanarrosa.
