
“Valor agregado” de María Codino: el sentir en tiempos rápidos y artificiales
Entre indiepop y búsquedas personales, la artista convierte las dudas sobre el presente en un álbum profundamente humano.
En los tiempos que corren nada dura, todo es rápido y artificial. Como si el propio humano hubiera construido la propia muerte de lo real, de lo que verdaderamente significa. Entre tanto material, uno se puede perder y cada día la realidad se transforma, deforma y se vuelve más difusa. Lo humano se pierde entre todo eso, no sólo en lo artístico, sino en cómo percibimos, cómo sentimos y cómo nos relacionamos. Cuesta cada vez más creer en algo.
En ese contexto tan parece deprimente sale Valor agregado de María Codino. Una especie de posición ante estas cuestiones. Como si fueran partes que se configuran como un refugio, una contradicción, pero a la vez una forma de sentir y cómo estos repercuten en los procesos creativos, pero además del proceso de vivir.
Desde lo musical, la artista viene por un camino con su proyecto solista desde su EP Ese fragmento velado (2020) y su disco Tiene que haber un mapa (2023). Desde muchas búsquedas personales, indiepop de guitarras y sintes brillantes, baterías y segmentos ochentosos a rockeros, que tiene a la melodía como búsqueda incesante. Esas paredes arman las habitaciones de la música de María Codino.
En la estética se encuentra con una tapa apagada o nostálgica, pero que a la vez toma como un poco de luz. Las fotos son de la propiedad de la artista. Difieren mucho de su anterior disco, donde los colores predominan y eran lo primordial.
El disco reflexiona sobre cómo ciertos procesos humanos parecen ser reemplazados. Pero también cuestiona la tendencia a refugiarse en una nostalgia permanente. Lo pone en duda hasta internamente para finalmente prevalecer como en “Club de Nostalgia”: “Esto no es un club de nostalgia / Esto no es romántico amor / Todo lo que quiero se escapa / ¿Cuánto más puedo perder hoy?”. También en “La Joven Vida de Bety F.”. Ese indie tan “romántico” y chispeante de la década pasada está muy impregnado en estos primeros temas así como también unas secuencias que parecen de los 90s. Inseguridades son reflejadas en Bety pero a la vez trata de retratar un poco de la vida actual y como va. Esa idealización de la vida se rompe ante las presiones o la contradicción de ser fiel o no llegar a la orilla de las presiones del deber ser.
“Espero que estés bien” te pone de forma directa en un clima idealista y encantador. Si antes estos sentimientos eran borrosos, en una sola frase ya los condensa: “Espero que estés bien”. Eso directo se vuelve sucio en vez de amable en “Todos son extraños”. Acá cambia: la voz va al frente de forma más fuerte. Va directo a su gran estribillo lleno de vibras, aunque es tan completo que te queda esa mueca de angustia o queja: “Y ahora resulta que son todos extraños / Y no me asusta más lo que esté por venir / Si todo lleva un resto / Me estoy confiando / Que lo mejor es difícil de percibir”
El sonido de María se hizo más complejo a través de los años desde De Incendios hasta hoy. Hay algo en su alquimia, algo lindo y brillante. Parece un laboratorio casero o una fábrica; los sintes conversan por momentos con las guitarras. Por momentos son etéreas y crean estos paisajes como en “Espero que estés bien” o más directas, como en “Todos son extraños”.
“Polvo de ciudad” te desestabiliza con ese inicio medio cyberpunk industrial, para después conectar con lo brillante de las guitarras: “Un fino hilo y virtualidad / Y no te asustes tanto / Los días van pasando / Pisa mis pies lo artificial”.
Acá es donde se da la tesis central del disco de forma explícita: ese miedo contra lo sobreprocesado. María toma posición en este desde el título, “Valor Agregado”, hasta las canciones que entran choque eso de los sentimiento, lo romántico de la vida y esta velocidad actual. Pero también se puede llevar a la música, donde es más constante esa salida de discos o singles sin tiempo para vivir siquiera.
Con un interludio que pone la calma te vuelve el clima ameno e introspectivo. Es como vivir en un sueño eterno dentro de una gran ciudad
Eso de los cambios y lo poco cerrado que se puede estar para definir la música de este disco, no para tratar de definir sino para describir, es en “La distancia”, donde no se encuentran esas guitarras las cuales ya nos acostumbró. Acá hay un sentido piano a dos voces que acompañan esta balada, registros que quedan en esa variación de sonidos. Hay una búsqueda por canciones súper integrales que abarquen muchos espacio como la última del disco “No lo se”: “Hoy no lo sé / Yo quiero ver la otra mitad de lo que vos ves / Si no querés hundir los pies / Alteridad, entrégate / Ay, no lo sé”.
María Codino trata de hacer canciones súper humanas, que reflejan estos sentimientos, que contrastan con un tiempo acelerado, donde todo es líquido y moldeable. Donde los mensajes son subjetivos y no absolutos, y quedan a merced de cada uno. En ese contexto aparece Valor Agregado. Termina en una expresión de lo que siente, de búsquedas, de preocupaciones, de curiosidad. Del afán de crear algo artístico, un poco casero, un poco tecnológico, pero todo a su tiempo. Eso es lo que lo hace especial, sentir por demás, algo que la tecnología no podrá hacer nunca.
Escuchá Valor agregado de María Codino y más lanzamientos del 2026 en nuestra playlist de Spotify.
