
“Hijo del país”: la Argentina de Broke Carrey
Hijo del país muestra el lado más salvaje de un Broke Carrey que halló en la tradición argentina una respuesta a todas sus inquietudes.
Si hablamos de Broke Carrey no podemos dejar de hablar de su característica más obvia pero, al mismo tiempo, más importante: es argentino. Hijo del país es su último disco pero también el destino inevitable con el que su obra viene coqueteando casi que desde siempre. Y es que la inquietud que recorre sus trabajos, al menos desde Buenos Aires Motel (2023), es la tradición y la identidad del argentino (el porteño primero, el argentino luego, con mayor ambición) y la manera en que es posible plasmarla en su música. Porque de una forma u otra, ya en su disco debut exploraba la melancolía de Buenos Aires aún desde sonidos más urbanos y Río de la Plata (2024), desde el nombre, puso sobre la mesa sus inquietudes de orden político.
Pero lejos de caer en la serie de lugares comunes que internacionalmente caracterizan al país y sobre los que Borges polemizó en El escritor argentino y la tradición (1955), hay que reconocerle a Carrito el mérito de haber sabido combinar la tradición con su presente material; la tradición universal con su historia personal. Y es que Hijo del país no de ninguna manera es un disco de folklore a pesar de estar compuesto, efectivamente, por canciones de géneros folklóricos. Así la samba y la chacarera aparecen a lo largo del álbum, se interpretan con la distancia necesaria (por el espacio y el tiempo) para volverlas algo propio.
“Creo que esta idea del color local es una idea europea, que los nacionalistas deberían rechazar por foránea. He encontrado días pasados una curiosa confirmación de que lo verdaderamente nativo suele y puede prescindir del color local“
Porque la única manera de que ese gesto de reivindicación no se tuerza en una moda ni se exponga como en una vitrina es la apropiación. Así Carrito incorpora tanto desde la forma como desde el contenido inflexiones que de a momentos llegan a desentonar con la veta folklórica de Hijo del País pero resultan, contradictoriamente, en sus mejores momentos. Asi, por ejemplo, “Monumento”, samba melancólica y pícara, saca sonrisas sobre su estribillo: “Y ahí yo no me olvido de las fotos/ Y videos que me mandabas / Todavía algunas noches sigo dedicándote / Una que otra…. tonada“
¡Sombra terrible de Facundo…!
El otro gran acierto de Carrito para Hijo del País fue el compromiso federal con que encaró su realización. Porque más allá de los géneros o las letras, su búsqueda de sentido lo llevó a explorar el interior de la Argentina y forzarse a conformar un equipo que sea consecuente con lo que proponía (¡qué lejos está el porteño de su propia tierra!). “El mal que aqueja a la Argentina es la extensión“, escribía Sarmiento en su Facundo y todavía esa evocación sacude su polvo sobre nosotros. Cocó, Trouve Feraud y Polo Martínez son algunos de los nombres que recorren el disco desde el interior del país, así como el chileno Elmalamía.
Así Hijo del País comienza a delinear una actitud más federal que estrictamente folklórica en un diálogo genuino entre el presente de la escena porteña y la tradición local. En lo que refiere estrictamente a su contenido, el álbum recorre esta línea estética sin apartarse de lo que ya venía haciendo. Hay algo que recuerda a Río de la Plata en la crítica a la meritocracia de la chacarera “Miguelito” y algo de la melancolía de Buenos Aires Motel en “mi mejor intento..”, donde las cuerdas se llevan toda la atención.
Pero el plato fuerte del disco está en este conflicto interior que se codifica entre la devoción por Dios y la impotencia. Hijo del País se parte en dos con “Zupay”, track fundamental para entender la épica que propone Carrito en su obra. El gesto conciliatorio entre la tradición local y su propia identidad personal no es otra cosa que un gesto político, porque aún detrás de los demonios (su zupay), hay un peligro mayor que acecha sobre los hombres.
Sombra terrible de Facundo voy a evocarte, para que sacudiendo el ensangrentado polvo que cubre tus cenizas, te levantes a explicarnos la vida secreta y las convulsiones internas que desgarran las entrañas de un noble pueblo! Tú posees el secreto: revélanoslo.
Nuestra tierra
La búsqueda de sentido lo conduce a aferrarse con todas las fuerzas a lo que reconoce como propio frente a la impotencia de verse despojado de su tierra y sus orígenes. “Antes era ateo pero a Dios le pido / que nos falte todo menos tierra y vino / Y ahora me quieren tratar de inquilino / como si fuera un llamado divino / Si usas mi casa como tu casino / quizás no sea tu mejor vecino“, dedica en “NMQN” con saña a un gobierno que desprecia su patria y la regala a los intereses extranjeros. “Esto es fuego contra fuego / Pero el que yo siento no puede apagarse / Y los gases que me dejan ciego / No nublan mis ganas de un futuro nuevo“, concluye sin perder la esperanza.
El álbum como unidad no deja de interpelar al oyente a tomar conciencia sobre la grandeza de su nación y la importancia de defender su soberanía. Volver a géneros folklóricos no es tanto una decisión estética como un gesto político y un disparo directo a las entrañas emotivas de un pueblo que se pierde en la nebulosa de productos importados y entretenimiento shampoo. Porque, ¿a quién no se le pone la piel de gallina al escuchar una samba?
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