
Winona Riders en Konex: fantasmas del pasado y futuros obsoletos
Cansados y enojados, Winona Riders partió en dos la noche en Konex junto con El Sindicado del Dron.
El pasado viernes por la noche Winona Riders volvió a convocar a su público para un reencuentro tras su gira por Europa en el Konex. El patio primero y la sala techada más entrada la noche fueron testigos de otra procesión donde un séquito de fieles participó de los ritmos frenéticos y la bronca colectiva que caldeaba el ambiente. Acompañados de El Sindicato del Dron para completar su double featuring, el encuentro consistió en dos sets con diferentes matices pero con una propuesta clara que se intensificaría con el pasar de las horas.
Si Winona Riders se destacó en la escena under con No hagas que me arrepienta por ese gesto de hartazgo y anhedonia generacional que se volvió su sello personal, rozando la soberbia y arrogancia, El Sindicato del Dron resulta un contrapunto interesante como mínimo para su puesta en escena. Su mueca de asco frente a un futuro que ya no promete dialoga con la búsqueda experimental del Sindicato donde la conjura de espectros digitales evocan un pasado que se resiste a abandonar.

Winona Riders grita: Ah hey hey hey
La puesta en escena conjunta de ambos grupos entonó lentamente la noche apenas comenzaba. Los largos solos de Winona Riders que agitan al público como un grito distorsionado se vieron aplacados para hacer de aperitivo antes del plato fuerte. Con sonidos sintéticos, la performance se estiraba buscando hallar los bordes de un público que comenzaba a llenar el patio. Lejos de resultar bajoneros, la dupla persiguió esa filosofía ryder de ir por más, más y más.
El set redondeó hacia las 21hs y avisaron que, por problemas particulares, el segundo show no contaría con dos baterías como había sido anunciado pero que, a modo de compensación, comenzaría una hora antes. Rápidamente el salón techado comenzó a llenarse y los ritmos eclécticos de DJ hicieron de la espera parte del show. Con una bandera estampada con el icónico logo colgando a cada lado del escenario y el grupo trasladándose de un escenario a otro, el público se hallaba aún procesando el primer set cuando comenzaron la segunda vuelta.
Sin saludar, dispararon “V.V.”. Con la rabia de los días que corrían, sintiendo la represión policial de cara a las sesiones por la reforma laboral, dieron inicio con el tema con el que suelen cerrar sus shows. Y si bien el público respondió con el esperado pogo, el aire se sentía raro y no era tanta la fiesta como la rabia que se sentía en la sala.

El futuro quedó viejo
A meses del lanzamiento de Quiero que todo lo que yo te diga sea un arma en tu aresanal (2025), los Winonas decidieron saltaerse el resabido show de presentación para, en su lugar, incorporar el álbum en su universo de manera más orgánica. Y es que antes que ciclar por eras o etapas como viene siendo la costumbre, cada nuevo lanzamiento no hace más que expandir la propuesta del grupo. Esta no fue la excepción. Nada de sorpresas ornamentales ni discursos que expliquen su lore o conceptos.
Como si no fuese la novedad, colaron “Ingrid Grudke” y “Viajando en el asiento de atrás” entre los primeros temas antes que El sonido del éxtasis (2023) pateara la puerta con “A.P.T. (America Pro Trucker)”, ya clásico con que los Winona Riders enloquecen al público. Velozmente dieron lugar a la seguidilla “680/680”, “Hondart” y “Separados al nacer”, canciones de mayor apuesta política junto con “V.V.”.
Intercalando hits de cada uno de sus discos, el show cerró por todo lo alto con la poderosa sucesión “Dopamina”, “D.I.E. (Die in Extasy)” y “Dorado y Púrpura” tras tres horas sin parar. Si sumamos el primer set con El Sindicato del Dron, la suma ronda las cinco horas de música. Para quien ya los conoce fue una fecha más, quizás marcada por esa angustia que moviliza al grupo pero para quien los sigue descubriendo fue la revelación lo que ya no es más un secreto en el under porteño.

