
Beck ordena sus rarezas en “Everybody’s gotta learn sometime”, un disco para iniciados
Entre perlas de soundtracks y versiones de clásicos, Beck vuelve a su faceta cantautor en un álbum ideal para los fans más fieles.
Beck vuelve sobre sí mismo. O, mejor dicho, abre el archivo, desempolva perlas sueltas y las reúne en un mini álbum que funciona de aperitivo a la espera de su próximo disco propiamente dicho. Everybody’s Gotta Learn Sometime es, en palabras del propio músico, “una colección curada con cariño de rarezas, lados B, aportes a soundtracks y covers” que, puestas en fila, nos entregan a un Beck en su faceta de cantautor, sutil y contemplativo.
Tras algunos años de silencio discográfico, con su más reciente placa editada en el 2019 bajo un pulso decididamente pop (Hyperspace), el californiano regresa a ese territorio donde su voz suave y los arreglos delicados hacen casi todo el trabajo. Acá no hay experimentos, vuelta al rock o abrazo al dance: hay atmósfera y canción en su estado más despojado. En sus mejores momentos, funciona.
El punto alto es, sin discusión, el tema que da nombre al álbum. Su versión de “Everybody’s Gotta Learn Sometime”, original de The Korgis, quedó inmortalizada en la memoria cinéfila gracias a Eternal Sunshine of the Spotless Mind (2004). Si la viste, lo sabés. Si no la viste, ¿qué estás haciendo?
La interpretación de Beck convierte cada pedido en que dice “change your heart” en algo casi personal, como si le cantara a uno al oído. Es etérea y profundamente melancólica. No sorprende que se haya convertido en un clásico de sus shows en vivo, a pesar de no ser de su autoría. Logra a lo que aspiran los mejores covers: dejar de sentirse como un homenaje para volverse algo propio.
Beck también se anima a “Can’t Help Falling in Love”, clásico de Elvis. La estructura melódica se mantiene bastante fiel, pero la producción le imprime un halo reverberante que envuelve su voz en un eco casi psicodélico. Funciona, aunque difícilmente desbanque a la versión que todos tenemos grabada en la memoria.
Con “I Only Have Eyes for You” (The Flamingos) Beck se mete en territorio doo wop. El tempo lento, el ritmo en tripletes estirados y el reverb pesado sostienen ese clima suspendido, nebuloso, que parece flotar fuera del tiempo. Nuevamente, la producción aporta un ligero tinte psicodélico que moderniza el guiño retro sin romperlo.
Si los covers miran decididamente hacia atrás, “Ramona” devuelve el foco a un Beck más contemporáneo. Escrita para la película Scott Pilgrim vs. the World, del 2010, es junto al track principal del álbum una de las favoritas del público. Más cercana al indie de las últimas décadas que al revival de otros temas, encuentra a Beck cómodo en un dominio que le es natural.
Sin embargo, no todo mantiene el mismo nivel. “Your Cheatin’ Heart”, clásico country de Hank Williams e inédita en estudio para Beck hasta ahora, pasa sin demasiado peso específico. Cumple, pero no deja huella.
En “Love”, homenaje a Lennon, el disco empieza a mostrar cierta limitación: la línea estética suave a intimista se vuelve demasiado uniforme, y cierta falta de contrastes le resta dinamismo al conjunto.
El cierre, un cover de “True Love Will Find You in the End” de Daniel Johnston, funciona como guiño para los más conocedores. Beck honra al ídolo outsider y, de paso, renueva sus credenciales indie con una interpretación respetuosa y sentida.
Everybody’s Gotta Learn Sometime cumple una deuda: reúne en formato álbum canciones que muchos fans atesoraban como rarezas dispersas y arroja luz sobre algunas figuritas difíciles de conseguir. Sin embargo, la homogeneidad del tono y un par de momentos menores hacen que el resultado final se sienta más como un lanzamiento para seguidores fieles (especialmente los del lado más cantautor del polifacético artista) que una obra esencial dentro de su discografía.
Para quien quiera reencontrarse con el Beck más íntimo y susurrante, es una bienvenida puerta de entrada, en especial durante la espera hasta el próximo álbum de material original. Para el resto, quizás sea una escala lateral en el viaje de un músico que siempre supo reinventarse.
