
Canti presenta “Todo sigue igual pero mejor”: un nuevo capítulo de honestidad creativa
Grabada íntegramente en su homestudio y con la colaboración cercana de su hermano y su banda, la nueva canción de Canti marca un giro hacia la libertad artística, la simpleza emocional y una sonoridad transparente que se completa con un videoclip tan inquietante como nostálgico.
Canti estrena “Todo sigue igual pero mejor”, un single producido y compuesto por él mismo que nació puertas adentro de su homestudio en Buenos Aires. Con recursos simples y un enfoque íntimo, el artista tomó el control absoluto de la voz, el bajo, la batería y los teclados, mientras que su hermano Joaquín Lisola sumó guitarras y arreglos adicionales. La mezcla y el master estuvieron en manos de Santiago Perret, bajista de su banda y colaborador de confianza.
“Fue todo grabado en casa, con lo que tenía a mano. No es un sonido de estudio, pero sí muy real”, cuenta Canti, subrayando la búsqueda de naturalidad que atraviesa el lanzamiento. Esa honestidad también se refleja en el arte de tapa: una foto de Canti y Joaquín de chicos, tomada por su madre. “De él aprendí todo: desde los Beatles hasta LCD Soundsystem. Él me enseñó cómo hacer canciones y cómo evitar los clichés”, agrega, reconociendo la raíz afectiva que sostiene su camino musical.
Más que una dedicatoria, “Todo sigue igual pero mejor” funciona como una reflexión sobre el acto de crear. Canti indaga en la relación intensa, casi obsesiva, que se construye con una canción durante su proceso: “Pasamos tanto tiempo con una canción que se vuelve una relación intensa. En algún punto, hay que dejarla ir”.
Este lanzamiento también representa un desprendimiento de la exigencia perfeccionista. “Por primera vez subí una canción sin ponerme tanta presión. Es lo que es. Y eso también está bien”, afirma. Así inaugura una etapa donde lo emocional y lo sonoro conviven sin filtros, marcando un momento de madurez en su recorrido artístico.
El videoclip que acompaña la canción profundiza esa sensibilidad. La historia retrata la relación entre dos amigos, aunque uno de ellos es un maniquí. La premisa, tan simple como inquietante, expone la soledad del protagonista y su intento de aferrarse a una compañía imaginaria. A lo largo del video, la narrativa oscila entre fantasía y realidad, mostrando al personaje intentando convencerse de que está bien, de que no está solo, mientras la cámara revela el contraste entre lo que desea sentir y lo que realmente vive.
Filmado en un shopping cargado de estética millennial —luces frías, pasillos vacíos, una atmósfera detenida en el tiempo—, el videoclip potencia la sensación de desarraigo y melancolía que envuelve a la canción. Allí, la felicidad parece posible, aunque nunca del todo real, completando un lanzamiento que abraza la vulnerabilidad como fuerza creativa.
